
10 y 11 de octubre de 2024, Vall d’Aran, Cataluña
HÉPIC, sorpresas en las montañas
A esta parada llegamos en bici + bus. Tuvimos que desmontar las ruedas delanteras de nuestras bicis y meterlas enteras en bolsas de viaje. A veces, conseguir estas bolsas de viaje para bicis no es sencillo. ¡Truco! En la estación de autobuses de Zaragoza puedes adquirir una bien versátil (no sabemos si en otras estaciones también). Llegamos a Vielha en bus desde Lleida. La Val d’Aran es un valle remoto de los Pirineos. La conexión más sencilla es por Pont de Rei, hacia Francia por carretera. Su enlace con la península siempre ha sido difícil, la primera carretera se construyó en 1924 y, por inclemencias meteorológicas, está transitable pocos meses al año. En 1949 se construyó el túnel de Vielha que, con 5.173 m de longitud, une la Ribagorça con el Aran. Por este acceso entró nuestro autobús. Según llegábamos nos sorprendió el inicio de las tonalidades otoñales, con densos bosques de hayas, abetos, robles… y el verdor de los pastos. Sus pueblos tampoco nos dejaron indiferentes. La Val d’Aran está formada por 33 pueblos que albergan algo más de 10.000 habitantes. Gran parte del territorio se encuentra por encima de los 2.000 m de altitud y las construcciones están hechas con piedra, madera y pizarra.
A nivel geopolítico, este territorio siempre ha tenido cierta autonomía. Ya en el siglo XIV se estableció que Arán poseería un conjunto de privilegios forales que atribuían a los araneses “la propiedad de sus bosques, eran súbditos directos del rey” y Arán sería gobernado por un procurador general propio. Su autonomía en el gobierno se ha mantenido a lo largo de la historia, a excepción de los años de la dictadura. Con la llegada de la democracia, la población de Arán demandó la recuperación de su estatus propio. Después de mucho trabajo, en 1990, parte de los derechos históricos del Valle de Arán se restauraron con la Ley de Régimen Especial: se restablecieron el Consejo General de Arán y el Síndico de Arán como principales instituciones de la organización administrativa propia del valle y se hizo cooficial el aranés.
Con este contexto, no es de extrañar que exista un germen de participación activa en la vida pública y política del valle por parte de la población. De esta manera, el valle ha conseguido, aún siendo una zona muy remota, generar un ecosistema muy potente con capacidad de autogestión. En la segunda década de los años 2000 se dieron cuenta de que el tejido económico dependía excesivamente del turismo. Este factor generaba fuga de talento y de la población joven. Durante la pandemia COVID19, la actividad turística paró y se hizo evidente la insostenibilidad de esta situación. En esa época, el Conselh Generau d’Aran había lanzado un proceso participativo a la población con la pregunta: “¿Cómo queréis ver la Val d’Aran en los próximos 15-20 años?”. Este proceso se llamó Aran 2030.
Para entender bien todo esto, fuimos a entrevistar a Guillem Piris, coordinador de innovación del Conselh Generau d’Aran, y Clara Estrada, técnica de innovación de HèPic. Ambas facilitaron activamente el proceso de participación y Guillem nos dijo que “frente a esa pregunta, que puede ser sencilla, tenemos muchas respuestas: alguien que se dedica a la agricultura tendrá una respuesta, alguien que se dedica a la digitalización tendrá otra… Y así se definieron grupos de trabajo para reflexionar sobre la respuesta de forma sectorial”. Las conclusiones por sectores se recogieron y se publicaron. “Claro, esto está muy bien, pero ahora, ¿cómo afrontamos todas estas respuestas de una forma uniforme y transversal? Vimos que todos los sectores planteaban respuestas disruptivas con la situación que había y que tenían como elemento común la innovación. De ahí surgió la idea de crear un hub de innovación”, nos contó Guillem. “También esto es muy fácil de decir, pero, ¿cómo se aterriza? Al principio navegamos un poco en el desierto y al final vimos que este hub de innovación tenía que estar representado por una parte pública, cuya función era potenciar proyectos públicos o tractores, y otra parte privada, representada a través de la Asociación de Innovación en Territorios de Montaña”. Y así nació HèPic , donde ambas partes trabajan de manera conjunta con objetivos claros: diversificación del tejido económico, retención y captación de talento y asentar población en el territorio. Y su lema es: “diversificación económica a través de la innovación”.
HèPic, impulsado con la colaboración del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), lleva a cabo dos tipos de acciones. Por un lado, los proyectos tractores, que buscan soluciones adaptadas a las necesidades expresadas por sectores concretos con dificultades para desarrollar soluciones. Un ejemplo de ello fue la creación de una infraestructura de antenas para desplegar la red de comunicaciones LORA, una frecuencia libre que se puede instalar y funciona incluso en lugares remotos. Esta solución ha permitido al sector de la ganadería extensiva la geolocalización de sus rebaños frente a las dificultades de cobertura móvil en puntos alejados. Y no solo eso, sino que esta solución también se ha aplicado a otras situaciones: monitorización de riesgos naturales, contabilizador de personas, gestión de edificios, etc.
Por otro lado, están los proyectos que demuestran que la Val d’Aran es un territorio donde es posible innovar y emprender. Estos proyectos persiguen dos objetivos: asentar población y atraer talento. Actualmente, y a modo de ejemplo, nos explican dos proyectos que tienen en marcha. El primero, se desarrolla con “el Catalunya Rural Hub Aran”, “en el que 10 personas emprendedoras, profesionales del entorno digital, estarán 15 días en el valle y, durante esa experiencia, podrán comprobar que se puede teletrabajar en un territorio de montaña con todos los beneficios que eso supone, podrán desmontar prejuicios y conocer cómo es el tejido empresarial”, nos explicó Clara. Esta línea se suma al trabajo que ya se ha hecho con el espacio de coworking, en el que hay 10 personas fijas trabajando y 6 puestos temporales. En nuestra opinión es un gran acierto, ya que ofrecer la oportunidad de prueba es esencial para atraer a lo rural pobladores procedentes de nuevos sectores económicos. Como segunda línea están “trabajando en el Congreso de Ciberseguridad, en el cual se ha invitado a expertos en ciberseguridad e inteligencia artificial”, explica Clara. Congresos de esta temática parece que solo se pueden celebrar en ciudades y con esta propuesta quieren demostrar “que todos estos conceptos en los entornos rurales también son importantes y que nuestro territorio está preparado para acoger este tipo de eventos”, señala.
Todo esto nos estaba pareciendo increíble. Todavía más, cuando nos enteramos de que ya en el año 2007 se creó, en Casau, el Centro de Empresas Innovadoras. Así que, allá que fuimos para conocer a Dani, de Maladeta Studio. Maladeta está formada por Martí de Vielha, Álvaro de Gausac y Dani de Betrén, tres jóvenes que salieron para formarse, pero querían volver a su territorio para desarrollarse personal y profesionalmente. “Nuestra empresa surgió para desarrollar soluciones a empresas del sector del esquí y, además, no solo dar servicio a ese tipo de empresas aquí sino exportar este producto al exterior”, nos contó Dani. De esta forma nació Lueira, un software de gestión de empresas de turismo activo para optimizar los procesos y centralizarlo todo en una misma plataforma. Empezaron en el sector del esquí y actualmente también se aplica a escuelas de surf, proyectos de apicultura que reciben visitas, taxis que ofrecen viajes, etc. Sin duda, la creatividad y la innovación puesta al servicio de las necesidades. Con el ejemplo de Maladeta Studio “hemos conseguido aunar talento del territorio y ponerlo a funcionar”.
Otro de los proyectos que están desarrollando, junto a la Asociación de Innovación en Territorios de Montaña (de la cual son miembros), es una plataforma de talento rural, “una especie de LinkedIn donde la parte geográfica toma mucho valor. Lo que queremos es digitalizar todo el talento que hay en estas zonas y ponerlo en contacto con las empresas y las administraciones locales para atraer y retener talento en las zonas rurales”, nos cuentan. La Asociación de Innovación en Territorios de Montaña surgió tras el proceso participativo y respondiendo a la necesidad de contar con una representación del sector privado de manera organizada dentro de HèPic. La asociación está formada por “empresas algo distintas a las habituales: desde una empresa de motos eléctricas, hasta un proyecto de consultoría y educación ambiental u otro de prestaciones automáticas y tema de riesgos naturales, empresas de software, arquitectura, etc”, explican. Dani recomendó “asociarse para ponerse en contacto con gente que tiene problemáticas similares. Además, como asociación siempre tendrás más fuerza para proponer o dirigir proyectos y hacer de interlocutor con la administración”.
Revisando todas las reflexiones y aprendizajes compartidos detectamos tres elementos clave para el éxito de un proyecto como HèPic: tener un liderazgo social y político comprometido en el proceso, contar con un pequeño ecosistema en el que se apoye el proceso y constancia por todas las partes para generar cultura de emprendimiento y visión de futuro. Pero estos elementos no funcionan si “el proceso no responde a una necesidad real expresada desde la ciudadanía”, nos comentó Clara. Identificar esas necesidades a través de un proceso participativo es esencial para aprovechar los recursos locales y que el propio territorio se implique, como vimos en el programa EREA. Además, Guillem añadió que “la innovación en HèPic se entiende como un proceso en el que tienes que contar con todos y con todas”. HèPic es un ecosistema vivo de aprendizaje que se va adaptando a las realidades que van surgiendo y que se nutre de la colaboración mutua entre el sector privado y el sector público. Con Guillem y Clara hablamos también sobre el papel de la Administración. Para ellas su función debe ser generar la chispa para que ocurran cosas, para iniciar procesos y poner a disposición de los agentes del territorio los recursos necesarios, como se hace a través de las distintas iniciativas de dinamización del territorio que parten de la Secretaría General para el Reto Demográfico. Después, dependerá del ecosistema existente y de la solidez de las propuestas para que se llegue a buen término o no.
Terminando la entrevista, Guillem remarcó que apoyos como el de la Secretaría General de Reto Demográfico son muy importantes: “es muy interesante que el Estado decida apostar por el territorio rural y que identifique como un reto la despoblación. Hasta hace poco, no sé si voluntaria o involuntariamente, las políticas parece que iban en otra dirección: centralizar, captar talento hacia las ciudades e incluso despreciar de alguna manera la parte rural. Y eso, aparte de ser algo triste, porque pierdes territorio, es algo económicamente ineficaz, porque estás perdiendo capital humano y capital de recursos”. Para cerrar este cuaderno de campo nos quedamos con la reflexión de Clara: “¿dónde te ves tú dentro de 10 años?, ¿Y dónde ves tu territorio dentro de 10 años? Me gustaría que todos los pueblos se hiciesen esta pregunta para que pudieran proyectarse con alegría, esperanza y transformación”.
Pues eso, nos vamos de la Vall d’Aran con alegría, esperanza y transformación. ¡Gracias!











