
17 y 18 de octubre de 2024, Valle de Kuartango, Euskadi
KUARTANGO LAB, espíritu Kuartango
El inicio de esta quinta etapa se preveía con lluvias. ¿Vamos en bici? ¿Pedimos ayuda y que nos vengan a buscar? La bici, al final, siempre gana, ¡y qué buena elección! Llegamos a Miranda de Ebro en bus y pedaleamos hasta el valle de Kuartango. Todo el camino transcurre por una pequeña carretera entre el río y la autovía. Los colores de otoño siguen acompañándonos en todo su esplendor y las carreteritas nos regalan nuevos paisajes. A Kuartango se accede a través de un túnel, lo cruzas y se abre un valle bien delimitado por sierras donde se encuentran 20 núcleos de población y viven unas 430 personas. Es un valle de Álava, entre Vitoria y Miranda de Ebro. Ahora estamos en Zuhatzu de Kuartango, en concreto en el edifico que fue balneario, después colegio salesiano y a día de hoy es Kuartango Lab, centro de innovación y de emprendimiento en el medio rural”; así nos recibió Miren Meabe Carro, alcaldesa de Kuartango.
¿Un antiguo balneario? ¿Un centro de innovación? ¿Pero dónde estamos? Este edificio de 5.000 m2 y tres alturas es un emblema del valle. Desde 1890 a 1950 fue un balneario de aguas sulfurosas, al que venía la clase pudiente de toda la península. Tenía hotel, restaurante, sala de fiestas, etc. Después pasó a ser internado salesiano y durante más de treinta años ha permanecido sin uso. “El origen de Kuartango Lab – financiado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el marco de la convocatoria de ayudas de 2022 para impulsar proyectos para la reactivación socioeconómica y la lucha contra la despoblación – fue proteger el edificio de la destrucción, y gracias al movimiento vecinal se consiguió”, nos contaba Miren. Muchas de las vecinas y vecinos del valle sienten aprecio por el edificio porque sus familiares trabajaron o estudiaron aquí. Ese sentimiento hizo que el edificio se mantuviera y se empezase a trabajar: arreglar el tejado y las paredes. Y teniendo eso en marcha, en 2019, durante unas jornadas participativas, decidimos, entre todas y todos, lo qué queríamos que ocurriera con este edificio”, explicó Miren. En los procesos participativos salieron varias líneas principales: una cultural, otra empresarial e incluso una tercera, para abordar el tema de la vivienda. El edificio es un laberinto inmenso en forma de U. Preguntamos a Iván del Caz, director de Bikonsulting, la cooperativa que acompaña el proceso de Kuartango Lab, cómo podíamos orientarnos: “una manera sencilla de no perderte consiste en entrar por la puerta principal, donde te encuentras unas escaleras; a mano izquierda se encuentra la zona dirigida al mundo empresarial, al coworking y a las oficinas y, a mano derecha, la futura zona de coliving, con 13 apartamentos y si vas recto, entre las escaleras, llegas al teatro, la antigua sala de fiestas del balneario”.
Empezamos la visita por la tercera planta, zona de la buhardilla. En el valle de Kuartango sufren la problemática común a otros entornos rurales: la vivienda. Esto hace que el incremento de población esté limitado. Por eso, desde el Ayuntamiento han propuesto la construcción de un coliving en Kuartango Lab. “Se trata de 13 viviendas, ocho de corta estancia y cinco de media-larga estancia”, explicó Miren. “Son viviendas comunitarias, queremos salir de lo típico de compra venta o alquileres, proponemos una cesión por uso. Tú, por un tiempo, vas a tener derecho a utilizar esos espacios, unos privados y otros compartidos. La estancia máxima será de tres años”, nos contaba Miren. Esta fórmula permite probar, por un lado, a jóvenes locales que quieren independizarse y, por otro, a gente de fuera del valle que quiere llegar a vivir allí.
La rehabilitación del edificio se empezó por el teatro para ofertar actividades culturales, que se han seguido manteniendo como parte fundamental en el funcionamiento del edificio. En el año 2023, Kuartango fue el municipio con más actividades culturales per cápita de todo el País Vasco. “Esto es un reflejo de todo lo que ocurre aquí”, nos contó Iván. Durante nuestra visita estaban preparando el festival Folkirrika, que empezaría un par de días después. Pero no es solo eso lo que ocurre aquí: festival de country, ciclos de cine, representación de teatro y danzas de las asociaciones del pueblo, etc. “Es importante resaltar que parte de las actividades vienen dadas por los propios vecinos y vecinas del pueblo”, explicó Iván. “En Kuartango Lab hay muchas actividades, pero una a destacar es la Gran Kedada Rural. Para el pueblo es un día de mucho trabajo y de una resaca emocional importante. Llegan personas de distintos territorios y es un orgullo que venga la gente hasta Kuartango, vea lo que estamos haciendo y nos felicite por ello. Esto a la vez hace que nos lo creamos más y renazca en nosotros ese empuje para mantener a este edificio con vida”, añadió Miren. La Gran Kedada es una iniciativa impulsada por Rural Citizen, una de las entidades que parte del coworking y que trabaja para “construir la mayor comunidad rural digital y presencial, conectando a todos los actores posibles y proponer un modelo económico que de verdad ponga en el centro a las personas”. Para ello, han elaborado un Mapa de Talento Rural que reúne a más de 80 líderes rurales; Ivan del Caz es el presidente de esta entidad.
El edificio tiene varias salas multiusos y en algunas de ellas hay exposiciones permanentes. “Retrato Nómada, archivo rural contemporáneo”, está compuesta por un archivo de retratos de las vecinas y vecinos de Kuartango. “Nomad Estudio vino a la Gran Kedada Rural con La Bitxa, su autocaravana adaptada como estudio fotográfico. Querían retratar a la gente del valle porque, al final, el medio rural está formado por las personas que vivimos en él”, explica. Como dicen sus creadoras: “este proyecto no solo busca documentar una realidad demográfica en transformación, sino también rendir homenaje a las comunidades rurales que, en su diversidad, luchan por mantener viva su comunidad […]: compartir la identidad de un pueblo es mantener viva su memoria”. En esta misma línea, se encuentra la exposición de Gaittun Elkartea, asociación también de Kuartango Lab, en la que aparecen fotografiadas algunas de las integrantes de la red Añana FEMprende, mujeres profesionales del medio rural. “Somos más de 55 y hemos creado una red de apoyo. Nos podemos considerar amigas: nos juntamos una vez al trimestre, hacemos pequeñas formaciones entre nosotras, cada una aporta su granito de arena, nos conocemos. En estas lonas lo que quisimos fue representar a algunas de nosotras con la actividad que ejercemos. Tenemos agricultoras, ganaderas, empresas dedicadas a la producción de plantas medicinales y aromáticas, escritoras y editoras, costureras… El objetivo es visibilizar que en el medio rural hay muchos proyectos y hay muchas mujeres que están detrás de ellos, Miren nos habló en primera persona porque es una de ellas. Además de alcaldesa es también ganadera: “yo tengo una explotación ganadera. Por un lado, el Burro de las Encartaciones, una raza autóctona en peligro de extinción que criamos porque consideramos que es parte de nuestro patrimonio y cultura. Y por otro lado, tengo una explotación de pollos camperos”.
Seguimos avanzando por el edificio y llegamos a lo que eran las antiguas aulas en época del internado salesiano. Ahora se han convertido en los espacios de coworking. “A día de hoy, la pata cultural y la pata empresarial son las que sostienen la actividad y el contenido del propio edificio. Después del teatro se rehabilitó la parte del coworking”, nos contó Iván. Actualmente hay nueve espacios habilitados como oficinas para diferentes perfiles de emprendedoras. Conocimos a Beatriz, de Milagros a Lurdes. Beatriz ha estado 30 años en el “lado oscuro de la publi” y nos cuenta quehace dos decidió “pasarme a la luz, uní mi pasión profesional, que es la de comunicar, con mi inquietud vital, que es la de ser parte del cambio que quiero ver”, y de ahí, Milagros a Lurdes Comunicación transformadora. Beatriz estudió Bellas Artes y está convencida de que “en la comunicación también tiene cabida un pensamiento creativo, utilizar el arte y la cultura como herramientas transformadoras para llegar a hacer una reflexión”. Para Beatriz, “Kuartango Lab aporta muchísimo a toda la comunidad, porque es un ecosistema local que promueve el emprendimiento social y hace actividades que conectan gente y me da alas, me ayuda a crecer, me está ayudando a construir un sueño”, reflexionaba Bea.
Tuvimos la suerte de compartir con Sandra, de Caostura, una joven originaria de Alcoy (Alicante) que vino a estudiar y se quedó en el norte. Caostura es un proyecto artesano de complementos (bolsos, mochilas, pendientes). Ella, como diseñadora, crea y estampa sus propias telas. Además, también hace talleres con mujeres: “antes, al tener mi taller en casa estaba sola, pero aquí siempre hay movimiento, hay vidilla y me siento acompañada. Además me parece un puntazo tener gente que viva en el pueblo y pueda trabajar aquí”. Sandra y María fueron de las primeras personas en instalarse en la primera planta. Entraron cuando todavía “no había cristales y los murciélagos volaban por el edificio. En los tres años que llevamos todo ha cambiado muchísimo”, nos contaban.
María, escritora y editora, es de Kuartango de toda la vida: “hace ya más de un siglo mi abuela trabajó aquí, en el balneario, como criada. Mi padre llegó desde Soria para estudiar con los salesianos y yo, de pequeña, he pasado mucho tiempo aquí jugando. Ahora, esta es mi oficina”. María, fundó Uzanza editorial, una pequeña editorial tradicional de nueva creación especializada en novelas de misterio y fantasía, posteriormente se incorporó Lidia. María nos contó que “Kuartango Lab no solo nos ofrece un sitio donde asentarnos como empresa, sino una manera de tener conexiones con otros profesionales pequeñitos y poder vivir en el día a día avanzando, todas juntas, como una pequeña comunidad de microempresas. Además, gracias a Kuartango Lab hay una mayor oferta de actividades culturales interesantes para el pueblo”.
En Kuartango Lab no solo hay artesanía y creatividad, también están presentes las nuevas tecnologías. Llamamos a la puerta de la sala de Asociación Ahuk, “los frikis”, como nos dijo Iván. Y ahí estaba Asier, que nos explicó que son un maker: “ movimiento basado en aprender construyendo. A día de hoy tenemos socios en el ámbito de la tecnología e intentamos acercar esta tecnología al medio rural: impresión 3D e inteligencia artificial”. ¡Cuántas temáticas diferentes estamos conociendo! “Lo mejor del espacio es la diversidad y compartir entre sectores tan diferentes”, nos dijo Asier.
También hablamos con Guillermina, maestra y permacultora, argentina de origen y residente en el mundo rural. Guillermina trabaja en la Asociación Pachamama Amalurra, en la que recuperan el patrimonio cultural y los conocimientos tradicionales campesinos sobre la biodiversidad cultivada, plantas medicinales y plantas silvestres comestibles. Forman parte de plataformas de defensa el territorio y movimientos por la alimentación sostenible. Además, colaboran con redes agroecofeministas con mujeres rurales y mujeres migrantes. Para ella, “está buenísima la idea de Kuartango Lab, un lugar que se estaba cayendo a pedazos y ha conseguido revivir un montón el pueblo. Hay mucha gente que llegó a vivir aquí desde entonces”. Guillermina cree que es importante “que lo rural y lo neorrural no estén en disputa con la tierra y los movimientos campesinos. Es necesario que generemos ese puente intercultural e intergeneracional”.
Conocer el coworking en el primer piso fue muy inspirador. Miren nos explicó que “las primeras empresas instaladas en este edificio fueron las que actualmente se encuentran en la planta baja: Ekotarriko, que realiza conservas ecológicas con los excedentes de las huertas y frutales de los baserritarras de todo Euskadi y la Sidrería Kuartango, con restaurante y bodega donde se elaboran distintos tipos de productos”. Así que con estas premisas… ¡A la planta baja que fuimos! Allí nos encontramos con Benito, alma mater de la sidrería: “somos una pequeñita bodega artesanal dentro de la D.O. Euskal Sagardoa y elaboramos sidra natural y sidras de nueva expresión”. Benito es un verdadero alquimista, no solo realiza sidra sino que se lanza con nuevos productos: Sidra de Fuego, Sidra con limón, Vinagre de sidra, Zumo natural, Vermú con sidra, Callabocas, etc. Empezó en Kuartango Lab hace siete años y estuvo un año con la rehabilitación del edificio. «Fuimos de los primeros porque alguien tendrá que ser el primero, ¿no? Tenía el proyecto de bodega, había varios posibles emplazamientos y con el trabajo que estaba desarrollando la Asociación Amigos de Balneario y al lado del río Baia me pareció el lugar perfecto”. Benito compartió sus reflexiones sobre Kuartango Lab: “en el medio rural hace falta que se nos conozca. Todas las empresas que estamos aquí ayudamos a posicionar en el mapa a Kuartango”. Como Benito no para de crear, la próxima aventura en la que se ha metido es en una cooperativa de cerveza artesana que tendrá su localización también en Kuartango Lab. Aunque no pudimos coincidir, en Kuartango Koworking también están: Ekotarriko, Laura (Pilates), Belén (Arqueóloga) y Rubén (Investigador para la Universidad de Cambridge).
Miren lo tiene claro: “para que Kuartango Lab esté en el punto en el que está, el factor humano es algo vital e indispensable. El factor económico puede ser una dificultad pero ya podemos tener todo bañado de oro que si no tenemos voluntad, ni personal que lo empuje, no hay nada que hacer. Desde el Ayuntamiento lo que hemos hecho es dejarnos llevar, dejarnos aconsejar y apoyar. Lo que nos movió con este edificio fue un problema para el valle y de lo que era un problema generamos una oportunidad. A día de hoy Kuartango Lab aporta una realidad que es factible, un ejemplo más, que pone en valor el medio rural. Porque el medio rural tiene muchas capacidades y muchas posibilidades”. Miren explicó también la importancia de la colaboración: “el Ayuntamiento no tiene capacidad económica para gestionar todos los espacios del edificio y lo hacemos en colaboración público – privada. Por ejemplo, los emprendedores que se instalan aquí y hacen una inversión en el espacio, lo recuperan con los meses correspondientes de alquiler que dejan de pagar”. Iván añadió: “es indispensable la colaboración entre la administración y las empresas para poner en valor todo este edificio, y esta relación va más allá de lo profesional, va con el corazón. Si no fuera así, sería muy difícil sacar un proyecto de esta envergadura en un pueblo tan pequeño como Kuartango”. Sin duda Kuartango Lab transmite humanidad y esperanza, “en el primer encuentro allá por el año 2020, salió el concepto de Espíritu Kuartango. La gente que se acerca dice que se genera familia, cercanía, contactos… Kuartango te atrapa por la comunidad de acogida” y así ha sido para nosotras.















