
22 y 23 de octubre de 2024, Asturias
ALDEA 0, la aldea como faro
Llegamos a Asturias en tren y hemos de decir que en esta etapa nos estrenamos: ¡es la primera vez que cogemos un tren de alta velocidad con nuestras bicis! Para viajar en Renfe con tu bicicleta en un tren de largo recorrido tienes que desmontarla y meterla en una bolsa especial. De esta manera se transforma en una maleta. Como los vagones no cuentan con un espacio específico para las bicis tuvimos que dejarlas en un pasillo. Confiamos que en nuestros territorios se siga el ejemplo de otros países europeos donde se ponen facilidades para poder viajar en bici. Desde plataformas y colectivos ciclistas llevan muchos años con la campaña “¡¡Bicis al tren!!” porque es necesario y urgente descarbonizar el transporte y apostar por la combinación bici + tren, la manera más sostenible de viajar.
Después de nuestra pequeña odisea con las bicis, pedaleamos desde la playa de Gijón hasta las verdes y poderosas montañas asturianas. La subida al Alto del Curviellu fue espectacular. Nos hizo sudar pero mereció la pena: por un lado Gijón y toda la costa y al bajar, por el otro, el valle de Peón, Candanal y Arroes, en el concejo de Villaviciosa. Nada más llegar, nos recibió Paz, nuestro enlace y anfitriona. Para contextualizar, nos explicó que “este valle, en forma de herradura, es muy productivo: como veis, hay muchos hórreos y eso indica que había mucho grano y productos para almacenar, que la tierra es fértil”. Nos encontramos en plena Comarca de la Sidra. En el paisaje destacan las pomaradas, pequeñas parcelas de cultivo de manzanas para sidra. “Antes había mucho cultivo de maíz, de faba y hortalizas. En su día era parte de la huerta de Gijón y de Villaviciosa. El negocio de la gente de aquí era cultivar y llevarlo a los mercados”, nos explican. En los últimos años el abandono de la agricultura ha hecho aumentar la masa arbórea y el paisaje ha cambiado. De hecho, aquí se encuentra el Cordal de Peón, que es una de las masas forestales periurbanas más grande de España.
Estamos ilusionadas con esta visita porque Aldea 0 parte de la base conceptual desarrollada por Jaime Izquierdo, referente y fuente de inspiración para nosotras. Este es un proyecto piloto, el intento de generar y definir un prototipo de la aldea del siglo XXI, de cómo vivir y qué tiene que hacer y tener la aldea. Construir hacia delante pero sin perder la referencia del conocimiento que está acumulado en el medio rural, en un proceso de retro-innovación. “Aldea 0 es el esfuerzo de intentar hacer un proyecto en clave micro. La aldea es la célula del territorio. El problema del territorio es que hemos destruido las aldeas con un sistema económico que ya no las beneficia. Los sistemas de las aldeas son mucho más complejos que los sistemas industriales porque tienen muchísimos más factores que les afectan y hay que trabajar en todos ellos a la vez”, nos contó Emilio, ingeniero industrial e investigador del CTIC Rural Tech. Aldea 0 es uno de los proyectos singulares financiados por la Secretaría General de Reto Demográfico, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), promovido por el Gobierno del Principado de Asturias y ejecutado por el CTIC (Centro Tecnológico de la Información y la Comunicación) en su centro de Peón, CTIC Rural Tech. CTIC es una fundación privada integrada por 11 empresas asturianas y el Gobierno del Principado de Asturias.
Esta colaboración público-privada es fruto de la coincidencia. En 2019, el CTIC recibe de la Fundación Ramón Álvarez de Arriba la donación de la finca el Poreñu, en Peón, con un edificio que fue una antigua escuela agraria. Desde el CTIC ya tenían una línea abierta de trabajo directo con los territorios rurales: Sistemas de Inteligencia Territorial. Con esta donación se puso en marcha el centro CTIC Rural Tech. “En el tiempo coincidimos con la visión de Jaime Izquierdo y cada uno desde su perspectiva empezamos a pensar en un proyecto que tuviera un impacto directo en el medio rural”, nos contó Eva, Directora de Planificación y Desarrollo Corporativo. Pablo Coca, director del CTIC explicó que “la exploración de nuevos modelos para la aldea del siglo XXI la centramos en torno a cuatro pilares que son los que hacen a la aldea funcional: sistema agroecológico, sistema energético, nuevos modelos de empresa y comunidad intergeneracional”. En nuestra visita nos acercamos a conocer algunos ejemplos de cómo estos pilares se han implementado en proyectos piloto.
El primero es el Sistema Agroecológico Local, “sin cuya existencia la aldea no es tal, sino una mera urbanización”, como reflexiona Jaime Izquierdo. Este sistema pone el foco en la producción de alimentos y la gestión del paisaje y del agroecosistema. Nos interesaba mucho saber cómo se había hecho y para ello hablamos con Jose Antonio, doctor en geografía e investigador en Inteligencia Territorial del CTIC Rural Tech. “La Inteligencia Territorial se basa en escuchar, de manera activa, las necesidades de las comunidades locales, recoger el conocimiento experto local e hibridarlo con las posibilidades que nos ofrecen las TIC para dar solución a sus necesidades. De ahí, cuando decidimos trabajar a escala de valle en el contexto de Peón nos dieron consignas muy claras: estaban preocupados por las pequeñas explotaciones agrarias, que estaban desapareciendo del valle; por el paisaje, que se estaba transformando; por los problemas fruto del cambio climático y por los grandes incendios forestales”. Jose Antonio nos explicó que estos cuatro elementos estaban interrelacionados. El paisaje se transforma porque desaparecen las pequeñas explotaciones agrarias que eran el motor de conservación; hay inadaptación al cambio climático que está marcando nuevos escenarios productivos y porque todo esto hace que el paisaje se cierre gradualmente y aumente el riesgo de incendios.
Con estas premisas en Aldea 0, a partir de la comunidad intergeneracional, empezaron a recoger conocimiento que la población local tenía pero que no consideraba de valor para afrontar estos retos. A su vez, desde CTIC buscaron también tecnologías de apoyo. Para ello instalaron la red LORA conectando distintos tipos de sensores que recogían datos de lo que estaba sucediendo en terreno. “Así sensorizamos explotaciones de agricultura vinculadas a las fabas, huerta, pomaradas y trabajamos también con la sensorización de rebaños de ganado y para detección de parámetros que condicionan los incendios forestales. Con toda esta información se extraen datos que, una vez procesados junto al conocimiento experto que tiene la comunidad rural, nos permite lanzar una serie de recomendaciones frente a escenarios específicos”. Además, Jose Antonio añadió que “la comunidad local, entendida como comunidad cohesionada y partícipe del proyecto, juega el rol central. Esto quiere decir que sin ellos no hay proyecto. No se trata de desplegar tecnología por tecnología, sino de desplegar aquella tecnología que resuelva problemas a la gente que habita en el territorio, que la población sienta la solución tecnológica como propia”. Poner en el centro la comunidad y las personas nos parece fundamental para afrontar los retos que tenemos por delante.
La segunda línea sería el Sistema Energético Local basado en las energías renovables locales. Según la tesis de Jaime Izquierdo, de esta manera se abarata el coste de la energía, disminuye la dependencia energética y reduce los efectos del cambio climático. Esta línea se ha trabajado “promoviendo el concepto de comunidades energéticas en Asturias, uniendo a los vecinos para que se ahorren costes y compartan sus consumos y sus producciones”, apunta. Conocimos a Luis Julio, vecino de Peón y miembro de la comunidad energética, y nos dijo que él había visto reducido su gasto en un 75%. Además, Emilio nos explicó que este modelo de comunidad energética no solo fomenta el consumo colectivo de energía, sino que también registra y controla la generación y el consumo en función de las necesidades de cada hogar. Beneficio a todos los niveles.
El tercer bloque es el Sistema Local de Empresas formado por “emprendedores locales que trabajan desde la aldea y están conectados con el resto del mundo”. Emilio nos contextualizó que “una de las acciones vinculadas es el trabajo de la trazabilidad blockchain de la sidra porque, ¿cómo podemos dar valor a los productos de la aldea? Queremos enfatizar la labor que juega la aldea como sistema de producción sostenible de alimentos y que otorga a las personas un motivo para vivir en el territorio”. Este sistema de blockchain permite tener información sobre el origen de la sidra, quién la ha producido, dónde está la pomarada y qué llagar ha mayado… Todo esto llega al consumidor en forma de código QR en la etiqueta de la botella. Esta información sustituye a la seguridad que antes te daba saber que era un producto de caserío y que conocías a la familia que lo producía.
Y por último, pero no menos importante, está la Comunidad Intergeneracional. “La idea es que la aldea sea un lugar en el que sea viable y satisfactorio completar el ciclo vital completo”. Paz, pedagoga e investigadora del CTIC, compartió con nosotras cómo es su trabajo en esta línea: “la base fundamental son las personas y se toma a las personas como fuente de información. Parece que se ha denostado el conocimiento campesino o rural y que lo que se sabe en los pueblos no tiene importancia, pero la realidad es totalmente contraria. Ese conocimiento es fundamental”. En Aldea 0 querían dar la vuelta a esa idea implicando a toda la comunidad en la recuperación del conocimiento tradicional. Cada martes se reúnen jóvenes y mayores para trabajar en ello. “Los mayores cuentan todo lo que saben, todo lo vivido. Los jóvenes se encargan de la parte más digital: hacer las fotos, los vídeos, carteles, etc.” Se recopilan todos esos contenidos y los vuelcan en la web de Andecha Cultural”. El resultado de esta actividad se ha reflejado en el territorio de diferentes maneras. El mapeado colectivo de elementos del patrimonio cultural material e inmaterial ha quedado señalizado con plaquitas y códigos QR que llevan a la web de Andecha Cultural, donde quienes participan han elaborado el contenido divulgativo. Estas actividades trascienden este espacio y llegan a las casas, a otras vecinas, a la familia… porque esas preguntas, esos temas se comparten fuera del espacio intergeneracional. No dejéis de visitar la web porque está llena de información muy valiosa hecha desde, por y para el pueblo. ¡Qué buen trabajo!
Aldea 0 no es solo un proyecto piloto. En palabras de Pablo Priesca, quien fuera director de CTIC durante sus primeros 20 años de vida e impulsor de este proyecto, “no hay que hacer muchos proyectos en el territorio, sino que el territorio es el proyecto. Bajo esta visión sistémica, Aldea 0 actúa sobre lo que nosotros llamamos las “5 P”: paisanaje, paisaje, producción, pasado y proyecto de futuro”. Está claro que cuando se trabaja sobre el paisanaje se coloca a los seres humanos en el centro de las intervenciones; el paisaje es el resultado de esa interacción de la actividad humana con el medio; la producción primaria es un elemento fundamental para el territorio rural; y trabajar en clave de pasado con la retro-innovación permite implicar a la comunidad involucrada en su proyecto de futuro. En Aldea 0, al igual que descubrimos en Bargota, hemos visto que el problema de la despoblación es multifactorial y poliédrico y que hay que abordarla de manera transversal y sistémica desde distintas perspectivas. Como nos dijo Emilio, “todos tenemos una parte que jugar en el futuro de las zonas rurales porque las zonas rurales necesitan de las habilidades que todos podamos dar. El medio rural no es simplemente una urbanización en la que estar, sino una idea por la que luchar a largo plazo”. Frente al concepto de Aldea Inteligente, o Smart Village, que parece que descartaba la inteligencia de los pueblos en el pasado, nosotras estamos con esta Aldea 0, la aldea del futuro.















