
5 y 6 de noviembre de 2024, Soria, Castilla y León
MONTES DE SOCIOS, la alegría de los comunes
Esta octava etapa nos lleva hasta Soria, provincia que destaca por su riqueza natural y su gestión forestal. Sus extensos bosques de pinos, robles y encinas son parte de un modelo de gestión que ha logrado no solo preservar la biodiversidad, sino también fomentar un aprovechamiento responsable de los recursos forestales. Hasta aquí llegamos para conocer el proyecto Montes de Socios de ASFOSO (Asociación Forestal de Soria), una iniciativa apoyada por la Secretaría General para el Reto Demográfico, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y nos llevamos una interesante lección de historia y de memoria. Pedro Medrano, el director de la asociación, fue el impulsor de este proyecto. Su abuelo era el último custodio de los papeles de La Poveda, un pueblecito de la montaña soriana. En los años 80, Pedro estaba estudiando ingeniería de montes y su abuelo le decía, mostrándole los papeles de compra del monte, “tú que estás estudiando, esto no se puede perder, ¿eh? Esto no se puede perder”. El monte fue comprado por más de 50 personas en régimen de proindiviso en 1905, pero 90 años más tarde nadie se ocupaba de él. A mediados del siglo XX, la diáspora que afectó al medio rural provocó que la provincia de Soria sufriera una de las mayores pérdidas de población del país. “El gran cambio se produce cuando el grueso de los propietarios deja de estar en el pueblo. En España, durante los años 50 y 60, emigraron 3,5 millones de personas del pueblo a la ciudad, una burrada, unas cifras que hoy sonrojarían a todos. Una sociedad que dejó todo atrás: sus casas, sus amigos y sus familias. Los caminos se cerraron, las paredes de los cercados se cayeron y los montes quedaron abandonados”, cuenta Medrano.
Ahora se habla del problema de los montes por el riesgo de incendios y la falta de gestión pero, ¿de quién es el monte? “Cuando se empezaron a desestructurar los pueblos, los más mayores, que atesoran la memoria de lo que pasó, van desapareciendo. Es como una llamita que se va apagando”. Pedro fue investigando y se dio cuenta de que la situación de La Poveda no era un caso aislado. Estuvieron más de dos años en el Archivo Histórico Provincial y descubrieron que en Soria el problema podía llegar a las 180.000 ha, la misma extensión que toda la provincia de Guipúzcoa. Y parecido en Asturias, Guadalajara, Ávila… Empezaron a intuir que esto no era un problema local, ni de Soria, sino que era un problema de muchos territorios. Y querían comprender qué es lo que ocurrió. “Ahí viene la parte injusta de la historia. A finales del siglo XIX confluyen dos movimientos. Uno, que España tenía un montón de deudas y no sabía cómo pagarlas, y otro, la entrada de las políticas liberales”, nos explicó Pedro. Con ello llegó la desamortización de Madoz en 1855 por la que “el Estado declaró en estado de venta determinados bienes pertenecientes a los pueblos, los inscribe a su nombre y, posteriormente, los oferta en pública a subasta”, completó Pedro Gracia, jurista de ASFOSO. Es decir, lo que era de los pueblos es expropiado y pasa a ser del Estado y, a continuación, éste lo pone en venta para convertirse en propiedad privada, lo que supuso que, de un día para otro, esos montes saliesen a subasta pública. Desaparece el acceso a la tierra, desaparecen los medios de producción y el medio de vida de los vecinos. Para poder recuperarlos, fueron los propios vecinos de los pueblos quienes se juntaron y recompraron lo que había sido suyo, en condición de vecinos. Muchos se pusieron en manos de avalistas, se hipotecaron, vendieron parte de sus rebaños. “Esto fue un proceso muy injusto porque al final las deudas las pagan los pobres. Ahora que se habla de la España despoblada, si todo ese dinero que los vecinos invirtieron en esto lo hubieran metido en mejorar sus condiciones o modernizar sus explotaciones, igual estaríamos hablando de otra historia. La parte bonita de esta historia es que esta reacción generó un embrión: el primer gran movimiento cooperativo de España”, cuenta.
A día de hoy, cada vez más espacios como estos se están convirtiendo en lo que llamamos Montes de Socios: montes que no se pueden dividir y cuya titularidad pertenece a un conjunto de propietarios, parte de ellos desconocidos, que se pueden gestionar a través de una junta gestora. Pero el camino para llegar a esta fórmula no ha sido fácil. “Cuando empezamos a preguntar a abogados sobre las posibles soluciones nos respondían que era imposible. Desde la Asociación Forestal de Soria se decidió trabajar en este aspecto. Pensamos que había que buscar una fórmula para solucionar la situación y poder gestionar los recursos”, dice Pedro. Una de las características de estas propiedades es que son en “proindiviso”, y el Código Civil dice que si es una copropiedad, las decisiones las toman los condueños. Pero, ¿cómo se van a gestionar si quienes son los dueños ni tan siquiera lo saben? “En el año 2003 se estaba redactando la Ley de Montes Nacional y conseguimos meter la disposición adicional 10ª para los montes en régimen de proindivisión. Con ella, se flexibilizan enormemente las posibilidades de gestión de estas superficies, ya que habilita la constitución de juntas gestoras que administren los intereses de los copropietarios. Las juntas gestoras son, por tanto, instrumentos de primer orden para la recuperación de estas zonas forestales y la consiguiente puesta en valor de los recursos que sustentan. De esta manera, no es necesario actuar a través del Código Civil, sino que se propone un procedimiento innovador: crear una junta gestora”. Mediante una junta gestora se habilita a unos pocos descendientes de los compradores para gestionar la propiedad completa, salvaguardando la defensa del interés común. ASFOSO se encarga de acompañar y asesorar a las juntas gestoras e integrarlas en la propia asociación. Para comprender este proceso fuimos a conocer dos ejemplos: con Pedro Martín el monte de socios de Boós, de reciente creación, y con Felipe Sáenz el monte de socios Quintos de El Royo, con más de 15 años de trayectoria.
Pedro Martín nos explicó que la primera tarea del proceso fue identificar a los herederos. Esta labor es muy compleja y requiere bucear en las partidas de nacimiento y hacer un árbol genealógico de cada familia. Es una recuperación de la memoria del pueblo. “Ha sido un proceso muy bonito. En la primera reunión empezamos a hablar de los árboles genealógicos y la gente lo cogió con una ilusión tremenda. A partir de ahí conocimos la familia que tenemos. Yo mismo me di cuenta de que tengo parentesco con mucha gente del pueblo que no sabía. La compra se realizó entre 35 vecinos en 1905. A día hoy somos 600 personas en el monte de socios que abarca casi 1.000 ha”, explica Pedro. Los herederos forman una junta gestora, que en el caso de Boós son 6 personas, eligiendo representantes y tomando decisiones sobre el uso del monte. Este monte de socios tenía una antigüedad de 120 años, pero llevaba unos 70 sin ningún tipo de actuación debido a las tensiones entre familias. “Han pasado dos generaciones y los de mi edad queríamos encontrar una solución. Es una herencia de nuestros bisabuelos, fueron 35 personas que se hipotecaron para comprar el monte, para poder comer y poder sacar adelante a sus hijos. Se lo debíamos a ellos y en honor a ellos ha sido”, defiende. Pedro recordaba con especial emoción el día que se firmó la constitución de la junta gestora: “a este pequeño pueblo, de 13 vecinos y algo más de 20 empadronados, vinieron a dar formalismo autoridades de todos lados. Fue algo impresionante”. Ahora llega el momento de empezar a gestionar de manera conjunta y, como marcan sus estatutos, a reinvertir los beneficios que se generen en la propia entidad o para el bien del pueblo.
De Boós, en el suroeste de la provincia, nos fuimos a El Royo, al norte, cerquita de la Sierra de Cameros. Felipe Sáenz nos recibió como representante del monte de socios Quintos del Royo: “Somos 123 socios y el monte tiene unas 1.000 ha. La junta gestora lleva formada desde el año 2011”. Crear la junta gestora les permitió tener una forma jurídica para poder acceder a las ayudas de gestión forestal que da la Junta de Castilla y León. “Una vez que ya estábamos constituidos, un día recibimos la visita de unos inversores holandeses que trabajaba en temas de despoblación y zonas marginadas. Nos pidieron un proyecto en el que invertir. Y nos dimos cuenta de que teníamos ocurrencias, pero no ideas. Entonces se fueron. Nos quedamos aquí con la sonrisa y viendo la película de bienvenido Mr. Marshall”, recuerda. Esta situación encendió una chispa y los socios decidieron dar una vuelta más a las posibilidades que ofrecía su monte. Apareció la idea de cultivar frutos rojos. “Lo primero que comprobamos es que la calidad del fruto que se da aquí es muy alta. Las condiciones de cultivo son las mejores porque está en ladera, en alta montaña (1.250m) y las diferencias térmicas hacen que los azúcares se concentren”, nos explica. A partir de una asamblea de la junta gestora se decidió, por 89 votos a favor y uno en contra, dedicar capital a fondo perdido a este proyecto. Se construyó un pozo, una caseta con toda la maquinaria y un parque solar para alimentar la bomba y se prepararon todas las conducciones de regadío hasta la puerta de las fincas. “Y a partir de la puerta de las fincas cada uno se encarga de lo suyo”, sentencia. Esto, a día de hoy, es un proyecto complementario para seis familias que venden la frambuesa fresca de manera conjunta con la marca BosqueSoria. Toda la producción está certificada en ecológico y están implementando técnicas de agricultura regenerativa. A partir de este ejemplo, el Ayuntamiento de El Royo lo ha replicado en el monte público y se está construyendo el obrador compartido provincial. “Tener este obrador va a ser un gran cambio porque se van a poder transformar en el territorio las materias primas y desde aquí distribuirlo”, explicó Felipe. De esta manera son las productoras quienes se benefician del valor añadido de su producción.
Estos son solo dos ejemplos de las 75 juntas gestoras que, a día de hoy, acompaña ASFOSO. Estuvimos en sus oficinas, donde se guardan todos los documentos. Cada proceso de constitución de una junta gestora implica un trabajo inmenso de documentación: partidas de nacimiento, certificados de defunción, registros de la propiedad, catastro, testamentos o sucesiones, registros locales, archivos históricos provinciales, boletines… Todo queda recogido en los expedientes, de más de un palmo de grosor. También nos llamó la atención los árboles genealógicos de los propietarios que compraron el monte: tablas Excel de más de 2.000 filas que una vez impresas miden metros, por eso las llaman “las sábanas”.
ASFOSO es, sin duda, la entidad de referencia en gestión de montes y montes de socios. Con toda la información que han recopilado calculan que en esta situación se encuentran unos dos millones de hectáreas. Los montes siempre han sido sinónimo de riqueza y de recursos que sostienen el medio rural: leña, madera, pastos para la ganadería, truficultura, apicultura, setas y hongos, resina, frutos silvestres, plantas medicinales y aromáticas, reservas hídricas, actividades cinegéticas… En los montes de propiedad desconocida nadie puede entrar a hacer tareas de prevención de incendios. En los últimos tres años, en España han ardido casi 400.000 ha. Como sociedad tenemos
la responsabilidad de cuidar y vivir nuestros montes para evitar desastres de esta envergadura. Como señalan desde el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes: “el monte rentable es la mejor forma de luchar contra los incendios forestales, hacer del monte una unidad económica rentable requiere de una política forestal pública activa y una fiscalidad forestal atractiva, que propicie la inversión y su cuidado”. Si queremos que esto se lleve a cabo es necesario que la legislación esté a la altura. Pedro nos decía que en el caso concreto de esas casi dos millones de hectáreas que pueden acogerse a la figura de montes de socios, “hace falta buscar un pegamento común que garantice su reconocimiento y perdurabilidad. Y eso lo permite una ley”. El 21 de marzo de 2024 el Senado aprobó por unanimidad la proposición de Ley de Montes de Socios. Ahora queda que se debata en el Congreso y, a partir de ahí, “dispondríamos ya de esta durabilidad, del carácter permanente de todo este trabajo”. Es de vital importancia que la Ley de Montes de Socios salga adelante para que haya una base general que permita resolver el enorme problema de la gestión de una parte importante de los montes.
Una de las peculiaridades de los montes de socios es que sus comunidades son mixtas: es un espacio en el que confluyen los últimos moradores de los pueblos con las personas de la diáspora que ahora viven en las ciudades. “Yo creo que es una innovación de tremendo valor. No puede ser que solo recaiga sobre los últimos habitantes de los pueblos la enorme responsabilidad del reto de la despoblación. El verdadero valor de los montes de socios es que esa comunidad mixta, rural-urbana, sea la que entienda como propio el reto del desarrollo rural”. Los montes de socios ejercen un papel insustituible como puente entre los pueblos y las ciudades. Así mismo lo reconoció la ONU en el año 2016 otorgándoles la mención Best Practice de ONU HABITAT por lograr un equilibrio entre desarrollo económico y sostenibilidad ambiental y por su capacidad para transmitir el valor de los recursos naturales a la sociedad urbana. “Fíjate, lo que detectó ONU”, explica.
Otro de los premios que ha recibido ASFOSO por el proyecto Monte de Socios es el Elinor Ostrom Award. Una de las cuestiones que rodeaba la desamortización de Madoz fue el debate del modelo de progreso para España. Se concluyó que debía desaparecer lo pequeño, lo local, lo arcaico porque se entendía que era mejor una evolución hacia fórmulas más empresariales, más modernas: la privatización. Este debate es recurrente en la historia. En 1968, el economista Hardin publicó un artículo titulado “La tragedia de los comunes”. Supuso un argumento potentísimo para defender, desde un punto de vista económico liberal, la privatización de los recursos naturales. Se basaba en la premisa de que la gente somos egoístas por naturaleza y que la gestión comunitaria no puede ser beneficiosa porque cada individuo explotará al máximo los recursos pensando que si no lo hace él lo hará otro. “Frente a esto, la politóloga Elinor Ostrom investigó sobre la certeza de esta afirmación. Para ello, analizó los sistemas de tenencia de los recursos naturales por todo el mundo: forestales, agrícolas, ganaderos, pesqueros. Y concluyó que eso no era cierto: que los sistemas colectivos, comunales, comunitarios de tenencia de los recursos naturales, cuando se dan una serie de supuestos, que básicamente son que haya sólidos modelos de gobernanza, que es lo que veníamos diciendo sin saberlo, son mucho más eficientes. Son mucho más eficientes que cualquier otra fórmula, y especialmente que la propia sustitución por el Estado, por la Administración o por fórmulas empresariales”, explicó Pedro. Por este trabajo, Elinor Ostrom fue la primera mujer en obtener el Nobel de economía en el año 2009. Para mantener su legado se creó el Premio Elinor Ostrom para la Gobernanza de los Comunes que se otorga a organizaciones que desarrollan enfoques innovadores y efectivos para la gestión sostenible de los recursos comunes y reconocen la importancia de la gestión colaborativa y local. Este premio fue otorgado a ASFOSO en el año 2017. “Fuimos a recibirlo a la Catedral de Utrecht, a Holanda, en un acto súper solemne, con presencia de ministros y de todo tipo de autoridades, con cánticos antiguos. Después, hablando con la gente, nos dimos cuenta de que valoraban cosas que nosotros, en nuestro país, todavía tenemos. Las valoran tanto porque ellos las han perdido”, nos cuenta. Aquí, en nuestros territorios tenemos la suerte de que todo esto está presente en nuestros pueblos, en nuestra geografía. Es imprescindible que, como país, invirtamos en que siga viva nuestra sociedad pequeña con el enfoque comunitario de las cosas pequeñas que ocurren en las familias y en los pueblos. Como nos dijo Pedro, “esto es el legado o la misión que nosotros queremos aportar desde la Asociación Forestal de Soria, a través de Montes de Socios”.
Todo lo aprendido con ASFOSO nos ha marcado profundamente. Un proyecto del calado de Montes de Socios debería ser más conocido. La recuperación de la memoria de nuestros pueblos nos va a permitir fundar una sociedad más sólida para el futuro. Tomar la responsabilidad que tenemos como población rural y urbana es fundamental para el cuidado de nuestro entorno. Citando a Elinor Ostrom “se ha ignorado la importancia de la participación real de las personas y lo que los ciudadanos pueden hacer”. No olvidemos que el común nos protege como sociedad y todas y cada una de las personas tenemos una función que cumplir.















