12 de febrero de 2026, Sant Carles de Peralta, Ibiza
NUEVAS MIRADAS VERDES
Esta es la primera ruta que hacemos en invierno. Sabíamos que las condiciones climatológicas no iban a ser las mejores, pero nos asegurábamos la disponibilidad de las iniciativas. En Menorca, el viento y la lluvia fueron compañeros de viaje. En Ibiza, al principio la lluvia nos seguía: fue cuando nos dirigimos hacia el norte de la isla que las ráfagas casi nos hacen volar. A veces nos empujaban y otras nos desestabilizaban. En este trayecto nos tocó la segunda opción, con vientos de hasta 120 km/h. ¡Flipando! Las bicis se nos iban. Amistades y familiares nos mandaban mensajes preocupadas por la situación. ¡Todo bien! ¡Viento en popa!
Así, volando voy, volando vengo, llegamos a San Carles. Nos recibieron Roberto Garciá y Albert Tur, alma de la actual Asociación de Permacultura de las Islas Pitiusas (APIP). Esta entidad nació en el año 2005 con la intención de mostrar prácticas agrícolas alternativas. Tras un tiempo de pausa Albert y Rober, entre otras personas, retomaron el testigo para revitalizar la asociación, ampliar la formación y consolidar la finca de Can Pulit (Pagesos Units per l’Art de la Interacció amb la Terra), en Sant Carles, como espacio demostrativo y de aprendizaje. “Hacía unos seis años que estábamos realizando actividades vinculadas a bosques comestibles en esta finca cuando cogimos el relevo de la asociación. Los de la vieja escuela habían bajado la actividad, y justo nosotros, veníamos ya arrancando con muchas acciones, así que nos dijeron: ¿por qué no cogéis el mando de la asociación?”, nos explicó Albert. Una plataforma que tomaba nueva vida.
Durante nuestra visita, Rober empezó hablando de permacultura: “una corriente que reúne técnicas para diseñar asentamientos humanos permanentes. Es decir, busca que puedas construirte una casa y vivir con los recursos del lugar, al igual que antiguamente se hacía en los pueblos o en las masías autosuficientes. Como ese conocimiento se ha perdido en la sociedad actual –dependiente de la energía y de la comida externa–, la permacultura lo que propone es poner a disposición las técnicas que ya existen para generar un asentamiento en el que puedas vivir con los recursos de tu entorno inmediato”.
Con este modelo de permacultura, pusieron su foco en la creación de bosques de alimentos. Albert nos dijo que, apoyándose en estas ideas, buscaban una metodología que bebiera de las bases de la permacultura, pero que fuese económicamente rentable; que generase economía, una agricultura para poder vivir de esto. “La agronomía actual tiene todo tan claro a nivel técnico, que no entra en el campo sino es para rentabilizar cada metro cuadrado. En cambio, los movimientos alternativos, como la permacultura y algunas líneas de agroforestería sucesional, se enfocan mucho hacia la parte medioambiental y los ciclos de la materia orgánica y no tanto en la técnica. Está muy guay esa parte medioambiental, pero ¿por qué no puede ir en consonancia con la parte técnica? A día de hoy, nosotros estamos ahí; vamos a intentar generar una propuesta que trabaje esos dos hilos a una: buscar esta metodología y hacerla sostenible económicamente”.
Y así, de esta manera, siguieron dando pasos. “Hubo un salto cuantitativo cuando descubrimos la agricultura sintrópica”, nos dijo Rober. Reflexionaban sobre cómo la permacultura, y también la sintropía, son herramientas para generar tu propio ecosistema. En la agricultura sintrópica, cada sistema se puede considerar como un macroorganismo con infinidad de interacciones. En este contexto, “los humanos estamos diseñados como optimizadores de procesos; es decir, tenemos la capacidad de acelerar procesos naturales como el crecimiento, desarrollo, muerte y reproducción de las plantas. Procesos que, en la naturaleza, durarían 10, 100 o 1000 años se pueden abreviar: podemos pasar esos 10 años a 1, esos 100 años a 10, y esos 1000 años a 50.
Entonces, sabiendo cuál es nuestro papel fundamental y para lo que estamos diseñados, nosotros mismos pasamos a ser parte del sistema”, explico Rober. Por su parte, Albert señalaba que esta actuación humana debe integrarse dentro de la ética: “cuidado de las personas, cuidado de la naturaleza y el reparto equitativo”, las bases y los pilares de la permacultura.
La agricultura sintrópica es muy reciente en España: no hará más de seis años que aterrizó, pero tiene un largo recorrido en América del Sur. En el año 2023, APIP organizó actividades formativas con Giuseppe Sannicandro, maestro italiano. Él incorporó el movimiento de la sintropía para entender la agroforestería desde otras técnicas y maneras de trabajar. Giuseppe había viajado a Brasil como voluntario a la finca de Ernst Götsch, padre de este movimiento, que lleva más de 40 años experimentando en su finca y ha conseguido resultados sorprendentes a nivel de producción. Ernst aprendió observando las técnicas de cultivo agroforestal indígena en la selva. Albert nos explicó que Ernst ha sido “la persona que supo plasmar, de una manera muy técnica y pragmática, el funcionamiento de los procesos de la naturaleza para generar fertilidad, entrar en producción con las plantas y, en definitiva, tener una agricultura que vaya más al son de lo que sería una lógica natural, en lugar de forzar los procesos al máximo”. Realmente, esa es la gran propuesta de la sintropía: una agricultura que se base en procesos y no en insumos constantes.
Tras el curso que hicieron con Giuseppe, empezaron a tecnificar la forma de cultivar: “Vimos un cambio en el suelo, un aumento de la fertilidad increíble y que la velocidad de crecimiento de las plantas era mucho mayor”, explicaba Rober. Las claves de esta nueva manera de entender la producción son cuatro: densidad, biodiversidad, estratificación y sucesión. Un enfoque que imita de manera muy profunda cómo funciona la naturaleza. “Solamente explicándonoslo, ya nos hacían clics en la cabeza de cosas que ya habíamos ido observando”, recordaba Rober. Nos contó que mientras escuchaban las clases ya les iban surgiendo relaciones y explicaciones a procesos conocidos con posibles aplicaciones a sus prácticas agrícolas
Roberto nos contaba que “se trata de dejar de pensar en las plantas y los cultivos como individuos y empezar a entenderlas como parte de un organismo, como si fueran un equipo de fútbol donde cada una cumple su función”. Cuando las plantas están en la combinación adecuada, se producen sinergias en las que todas, en conjunto, presentan mejor salud: crecen de forma mucho más vigorosa y cambian el suelo, generando más fertilidad. “Es una cuestión más de diseño y distribución que de energía aplicada. Con el mismo riego, con el mismo abono, notamos un cambio”. Y a partir de ahí fueron practicando: plantan y siembran lo elegido para el diseño a la vez, con mucha densidad, para que cada una se exprese y cumpla su función en el momento que le corresponda. “Cuando pones muchas especies diferentes muy juntas, de manera que el suelo no se vea, ellas mismas se estratifican. Unas crecen por encima de las otras, pero sin competir. Todas aprovechan la misma luz: unas reciben luz filtrada y las otras reciben luz directa”, explicaba Roberto. En sus diseños incluyen las plantas objetivo, que serían los cultivos, y las especies de soporte, que se encargan de ofrecer todos los otros servicios y apoyar en la sucesión ecológica. ¡Buf… nos volaba la cabeza a nosotras también!
Es un concepto muy nuevo, pero que a la vez nos habla de cosas totalmente conectadas con la lógica de la naturaleza. Tuvimos la inmensa suerte de recibir esta lección sobre la sintropía a la vez que paseábamos por la finca Can Pulit, con las tres ha cultivadas en este sistema organizadas en 19 módulos demostrativos. La sensación al adentrarse en la zona es selvática; sin embargo, está todo organizado y se pueden apreciar las parcelas de ensayo enfocadas en experimentaciones productivas: una de níspero, parra y encina; otra de perales y naranjos; otra de olivas para mesa y otras de oliva para aceite; de hortícolas, de cultivos subtropicales, etc. Es un verdadero Centro de Investigación de Agricultura Sintrópica que tiene un doble objetivo: por un lado, generar un espacio de parcelas demostrativas para que profesionales de la agricultura puedan conocer de primera mano lo que es esta técnica y sus resultados; y, por otro lado, experimentar distintas asociaciones de cultivos y plantas de soporte, en distintas condiciones, para recoger datos y llegar a conclusiones.
Con este interés en la experimentación y para trabajar en otros espacios, se generó un grupo de trabajo: el Comando Agroforestal. “Era necesario, y veíamos interesante, a nivel organizativo en APIP, crear un grupo más enfocado solo en la agroforestería. El comando está formado por un grupo de técnicos, agricultores y gente afín que se encarga de diseñar, implantar y hacer seguimiento en distintas fincas bajo los principios de la agricultura sintrópica”, explicó Albert. Son 14 personas y, en total, gestionan unas 15 ha en toda la isla. Las últimas incorporaciones en el comando han sido Andreu Vila y Borja Camí, dos técnicos referentes en fruticultura y horticultura ecológicas, respectivamente. El comando se centra en priorizar fincas con enfoque productivo y en fincas de autoconsumo que puedan servir como ejemplo de experimentación. Esto, además, es un foco de economía y autoempleo con una visión social, ya que parte de los ingresos revierten en la asociación.
Desde que comenzaron con la actividad en la APIP, la formación ha sido una prioridad: “Lo iniciamos porque nos salía más rentable juntarnos veinte y pagar a un profesor que viniese aquí, que ir todos fuera de la isla. Y poco a poco se fue cogiendo un hilo. Sin quererlo, casi estamos haciendo diez cursos al año, pasan por aquí unas 200-300 personas”, contextualizó Albert. Realizan cursos de agroforestería y agricultura sintrópica, tanto de iniciación como avanzados, y también de agroecología, fruticultura, poda e injertos, etc. No dejéis de visitar su canal de YouTube, donde están recogiendo todo este material de una manera muy didáctica.
Liados como están con otros frikis de la agricultura sintrópica a nivel mundial, se han involucrado en la plataforma Forest for Farming, un espacio formativo gratuito online donde ellos son los referentes en agricultura sintrópica en el contexto mediterráneo. Y no se quedan solo aquí: su próximo proyecto es reconstruir unos antiguos corrales en la finca Can Pulit para convertirlos en la primera escuela de agroforestería en clima mediterráneo. Actualmente tienen abierto un crowdfunding para conseguir fondos. En octubre de 2025 realizaron el Primer Encuentro de Agricultura Sintrópica Mediterránea, donde más de 150 personas se reunieron para compartir y formarse en esta disciplina.
¡Madre mía cuántas cosas! Albert, para sintetizar todo lo que nos estaban contando, explicó que “el proyecto en la finca se podría definir en tres ejes: el centro de experimentación en agroforestería sucesional o agricultura sintrópica; las dinámicas y formaciones de lo que es la asociación de permacultura, y la colección de frutales de variedades locales de Ibiza y Formentera para su reproducción”. ¿Y esto? ¿También están recuperando variedades locales? ¿Otro lío más? Pues sí, otro lío más.
Este trabajo se realiza dentro de un proyecto en colaboración con la Associació per a la Conservació i Foment de les Varietats Tradicionals. “Estamos en un momento en el que los abuelitos se están muriendo; detrás de ellos, van sus árboles frutales. Es un trabajo de conservación del patrimonio cultural. No sabemos cuántos años se han necesitado para tener estas variedades y vamos a rescatarlas. Estos rescates son muy importantes y simbólicos”, decía Albert. Estos frutales de variedades locales son más resistentes al medio. Además, antiguamente, aparte del injerto, se hacía bastante reproducción por semilla, lo que permitía expresar la riqueza genética y hacía emerger variedades muy adaptadas. Durante el primer año del proyecto prospectaron y encontraron unas cien variedades antiguas: melocotonero, albaricoquero, perales, manzanos, nogales, caquis, almendros, higueras, olivos, viñas, chumberas, etc. “La idea es que la colección esté esparcida en diferentes fincas y podamos poner a disposición estos árboles para que la gente plante estas variedades en lugar de aquellas que no funcionan en nuestro contexto climático”, remarcó Albert.
Esta visita ha sido muy nutritiva y nos ha hecho ver que la agricultura se puede enfocar con nuevos prismas. La isla de Ibiza es especial. Desde la antigüedad ha sido un lugar de paso de distintas civilizaciones, de mezcla y de diversidad. Además, es una isla de gran riqueza, con buen clima, suficiente agua y un paisaje increíble. Ha sido mucha la gente que ha pasado por aquí y se ha querido quedar. En este contexto, no es raro que Ibiza sea un polo de atracción para ideas innovadoras, como la agricultura sintrópica; o quizás no tan innovadoras. Las comunidades campesinas, nuestros indígenas, bien sabían que la naturaleza era el sostén de su vida. Como recordaba Rober: “En todos nuestros proyectos la naturaleza es nuestro principal cliente”.











