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12 de marzo de 2026, Sa Pobla, Mallorca

UN PEQUEÑO OASIS DE AGROECOLOGÍA

Llegamos a la zona de Sa Pobla, municipio de unos 12 000 habitantes situado en el centro de la isla, con una profunda tradición agrícola vinculada a la disponibilidad de agua que llega de la Serra de Tramuntana. Pedalear por la zona es ver, por todas partes, numerosos molinos de viento que servían para extraer agua de los pozos. Hoy en día, esos molinos ya no funcionan con la fuerza del viento, sino que es el petróleo el que permite seguir extrayendo el agua del subsuelo para el riego de los cultivos.

Sa Pobla se ha convertido en un referente en la producción intensiva de patatas con elevados insumos agroquímicos. Su cultivo de variedades extratempranas se dedica a la exportación, especialmente a Reino Unido. En muchas explotaciones, un solo payés gestiona hasta 40 ha de patata con ayuda de maquinaria y tecnología poscosecha, pero sin margen para poder hacer las rotaciones necesarias ni regenerar la salud del suelo. Actualmente, el sector vive una crisis sin precedentes, asociada a la reducción de exportaciones a Inglaterra tras el Brexit y a problemas en sus cultivos por la proliferación de plagas de nematodos que han generado una drástica reducción en la producción, al disminuir significativamente el tamaño de los tubérculos.

Entre esos campos se esconde un pequeño oasis que apuesta por la agroecología: Utopik Sa Marjal, una joven cooperativa de trabajo asociado constituida en el año 2025 y formada por Omar Jover, Celia Martín y Alex Crousnillon. El proyecto se asienta en las tierras que cultivaban los abuelos de Aina María, pareja de Omar: 2,5 ha de huerta certificadas en ecológico y veinte ha de naranjos en Sa Marjal que es como llaman en esta zona al campo. Como ellas mismas dicen: “Somos la nueva cooperativa agrícola de Sa Pobla gestionada por jóvenes agricultores. Trabajamos por un cambio hacia un modelo más respetuoso con el medio ambiente. Cultivamos y regeneramos el suelo de Sa Marjal, siguiendo los valores de la agroecología. Tenemos cuidado de la tierra y contribuimos a la economía local”. A día de hoy reparten cestas, forman parte de APAEMA y también de PEM y tienen un catering ecológico, local, de temporada y vegetariano.

Omar es el que más experiencia tiene con la tierra. Pese a que empezó Agrónomos, su vida siguió por otros caminos hasta llegar aquí. “Todo empezó a raíz del confinamiento. Antes de todo eso yo me dedicaba al sector de la hostelería. En aquella época, tenía una compañera con la que compartíamos intereses relacionados con el huerto y la agricultura. Un día le llegó un correo de APAEMA diciendo que había dos chicos que estaban buscando a alguien que gestionara una finca… ahí empieza mi relación con la agricultura de forma profesional”, nos contó Omar.

Tras un par de temporadas en ese proyecto, la pareja de Omar le habló de la finca de su familia en Sa Pobla y, Omar, ilusionado, no se lo pensó dos veces. Se dio de alta como profesional y formalizó la incorporación como joven agricultor. Con la ayuda concedida, pudo instalar el invernadero, el sistema de riego y empezar a montar el proyecto. Y así comenzó la andadura de Utopik, solo con Omar. Al principio, acudía a los mercados de Sa Pobla, Palma y Campanet para darse a conocer. También preparaba cestas que repartía en distintos puntos verdes. Mucho trabajo, pero sentía que estaba construyendo una alternativa necesaria en esta zona tan vinculada al modelo agroindustrial. “Yo creo que, cuando aún la abuela de Aina María se dedicaba a la agricultura, era todo mucho más natural y seguramente se parecía más a lo que estamos haciendo nosotros actualmente”, reflexionaba Omar.

Celia, cocinera, fue la segunda en unirse al proyecto. Ella transforma parte de la producción y conecta campo y cocina. Ha sido jefa de cocina en restaurantes importantes y lleva cocinando desde muy pequeña. También ofrece servicio de chef privado en casas con menús veganos, ecológicos y de temporada. Dolors, una amiga común de Celia y Omar, le decía a él: “Tienes que conocer a Celia, le gusta mucho el campo y la huerta”. Por azares de la vida pasaron juntos la nochevieja de 2024: “El día de año nuevo nos fuimos a nadar juntas. Le propuse unir los proyectos y empezar una nueva aventura”, nos contó Omar. Esto fue el germen de una idea común sin saber todavía que forma iba a tomar.

La última incorporación ha sido Alex, una de las clientas que iba semanalmente a recoger su cesta en Sa Pobla. Alex es originaria de Marsella, pero ha pasado los últimos dieciocho años viviendo en Estados Unidos, entre San Francisco y Oakland. La pareja de Alex, Elena, es de Mallorca y, cuando fueron madres, decidieron volver a Europa para estar más cerca de sus familias. Encontraron un lugar bonito en Sa Pobla, donde hace dos años que residen y, claro, compraban las cestas a Omar. Viendo la realidad de la isla, Alex pensaba que la única opción laboral posible para ella sería algo vinculado con el turismo, aunque, consciente del enorme impacto que ha generado ese sector en esta isla, prefería no trabajar en ello. Alex nos confesaba que “al llegar a esta isla me sorprendió la belleza de los paisajes. Con todo lo que veía, yo quería estar en el campo. A su vez, trabajar en el campo, es una manera de asimilarme a esta nueva tierra, apoyar proyectos y hacer algo que tuviera sentido”. Omar y Celia pensaron en Alex como tercer elemento de la cooperativa por su experiencia en la gestión y organización cultural de eventos y grupos. Alex nos contó que “fue una ilusión súper grande recibir la propuesta de unirme a la cooperativa”.

En Sa Pobla reparten las cestas en un local en el centro del pueblo. Cada semana, los viernes por la tarde, las familias se encuentran para recoger su verdura. Tuvimos la suerte de compartir espacio y charleta con parte de su clientela. Vicent y Asunta fueron la primera pareja en aparecer: “Cada semana venimos a coger la cesta de verduras. Es un proyecto que supone un cambio de paradigma de lo que se viene haciendo en Sa Pobla. Además, cogemos la cesta cerrada y eso hace que te fuerces a comer más verduras. Tenemos la cesta de esta semana y, antes de que llegue la siguiente, tengo que terminarla. Por tanto, lo que parece caro acaba siendo barato porque dejas de ir a comprar otras cosas. Te centras en lo que tienes”. Las cestas están listas en el centro de la sala y poco a poco la clientela llega con sus carritos y se lleva las verduras. María Antonia hace poquito que llegó a Sa Pobla y empezó a comprar la cesta a Utopik todas las semanas: “Así podemos disfrutar de este producto de proximidad y ecológico. Yo intento que la alimentación sea de proximidad y ecológica, sobre todo por una apuesta de futuro, para enseñar a nuestros hijos que este es el camino que debemos seguir, especialmente en un sitio como Mallorca. Además, la calidad de los alimentos que ingerimos es muy importante para nuestra salud”, nos dijo.

Escuchar los testimonios y ver las sonrisas de unas y otras cuando se encuentran nos habla de que este proyecto no solo cultiva alimentos. Maribel es clienta de Omar desde hace tiempo: “Vengo porque conocí a la persona que lo siembra, Omar, y su filosofía me encantó. Cuando cocino con estas verduras estoy más contenta. Y el saber que no tienen pesticidas lo agradezco un montón, porque el planeta ya está suficientemente contaminado. Reconozco el esfuerzo tan grande que están haciendo y el amor con el que están cultivando las cosas, y pediría a todo el mundo que se uniera a este movimiento”. La más rezagada fue Laura, una oscense afincada en Sa Pobla que nos contó: “Compro esta verdura porque es lo que se ha comido siempre en mi casa. Mi abuelo tenía huerto y consumíamos sus verduras; de esta manera me siento un poco más cercana a mi tierra. Y también porque me parece mucho más saludable, sostenible e interesante apoyar la economía local”.

Para Alex, Utopik es una forma de hacer algo positivo para las personas que viven en el pueblo: crear una actividad que dé vida a la localidad, donde la gente tenga una razón para salir de casa, pasear, encontrarse y socializar. Un pueblo vivo, nos dijo, es aquel donde la gente está en la calle. “Con este trabajo siento que estoy haciendo algo para las personas de aquí. Además, siento que vivo en coherencia. De nada sirve tener una alimentación muy saludable y ecológica si cerramos los ojos a realidades devastadoras del mundo, como es el genocidio en Palestina”, nos contó Alex. Para Omar, el proyecto tiene también un sentido político. Después de años implicado en movimientos sociales, ahora Utopik es su manera de dar forma a la lucha y construir una alternativa al individualismo dominante, apostando por lo colectivo, el cuidado mutuo y el trabajo compartido. “Yo diría que Utopik es una cooperativa de jóvenes agricultores con ganas de cambiar la realidad y dar una respuesta a la actual crisis neoliberal y neofascista que nos atañe. Es un proyecto que tiene varias capas porque también es una forma de ganarnos la vida, una forma de crecer y de aprender muchísimo, también a nivel personal. Es resistencia, ganas de hacer cosas bonitas para nosotros, para la tierra, para la gente”, reflexionaba Omar.

Utopik Sa Marjal ahora es un hervidero de ilusiones e ideas. Acaban de alquilar un local en el centro del pueblo que dispone de una cocina industrial. La idea es ampliar los servicios de Celia como cocinera: ofrecer comida preparada a partir de las verduras del huerto y distribuirla, o que la gente la recoja en el local. Y no solo eso, sino que el sueño más alto de Utopik Sa Marjal es generar un espacio social donde poder juntarse y cocrear otra realidad. Como ellas mismas se definen: “Recolectores de frutos de la tierra. Leales al panorama astral. Observadores de los ciclos de la naturaleza. Cultivadores de proyectos en colectivo”. Nuestra visita a Utopik Sa Marjal coincidió con el fallecimiento de Joana Cañellas, la abuela de Aina María, quien cultivaba hace años estas tierras, la imaginamos sonriendo al verlas cultivadas y vivas. La fuerza, el compromiso y el empeño de estos jóvenes son, sin duda, el relevo deseado para esta finca. ¡Mucha fuerza, compañeras! Tenéis todo el futuro por delante.

Dos integrantes de Utopik conversando en el almacénAgricultor señalando los campos de la cooperativaTres personas y un perro caminando junto al invernaderoAgricultor pesando producto en el almacénCarteles de Utopik con los valores de la cooperativaCaja de lechugas, perejil y rábanosAgricultor junto al tractor en el invernaderoDos agricultores conversando en el campoClientas recogiendo su cesta de verduras en el localTres mujeres sonrientes en el campo de UtopikAlcachofa en la planta con personas al fondo