26 de enero de 2026, Ferreries y Maó, Menorca
PROTEGER LO QUE IMPORTA
Hoy tocaba ir hacia Ferreries, en concreto al Barranc d’Algendar, para conocer Arbres d’Algendar: un vivero donde se reproducen variedades de frutales tradicionales. Tras cruzar el pueblo, empezamos a tomar esas carreteras tan características, rodeadas de muros de piedra seca y prados con pasto de un intenso verde donde pacen tranquilamente las vacas. Íbamos preguntando por la dirección y nos decían: “Al fondo, a la derecha”. Avanzábamos y no veíamos el final. El camino asfaltado terminó, giramos a la derecha y empezamos a descender de manera bastante abrupta. Al final nos encontramos en un parking que parecía no tener salida. Pero aquí, en esto tan angosto, ¿cómo va a haber un vivero de plantas? Momento de nervios, de indecisión… ¿Estamos perdidas? Dejamos las bicis en el parking y avanzamos andando por lo que parecía un camino que no sabíamos si llegaría a alguna parte.
¡Y vaya si llegamos! Según nos adentramos en el barranco aparecieron inmensas paredes con cortados de piedra, mucha humedad y vegetación frondosa. Nos sobrevolaban alimoches, milanos, y cernícalos. Pero ¿dónde estamos?, nos seguíamos preguntando. Al final del barranco se intuían algunos llocs (como llaman a las fincas con casa en Menorca). Y ¿cómo podía vivir gente en este sitio tan recóndito, hace 50 años, sin medios de transporte como los de ahora? Entre estas reflexiones vimos aparecer el cartel de la finca S’Aranjassa, donde se encuentra Arbres d’Algendar. Nos recibió Antoni Salord: «Estamos en el término municipal de Ferreries, pero muy cerquita de Ciutadella. Este barranco tiene entre 80 y 100 metros de profundidad y es conocido como una zona ideal para los amantes de las rutas en bicicleta, el senderismo y las rutas a caballo”.
Antoni es el gerente de Mestral Inserció, “una empresa de inserción sociolaboral vinculada a Cáritas que gestiona proyectos de jardinería, limpieza, recogida de ropa usada y mantenimiento de instalaciones». Esta finca, de 2 hectáreas y con un enorme caserón, certificada en ecológico, fue donada al obispado de Menorca hace muchísimos años. Hacia los años 2000, Cáritas empezó a pensar que en este lugar se podría hacer un proyecto de inserción vinculado a la agroecología, como se había hecho en otras regiones; en este caso, centrado en la recuperación de variedades de frutales, que es lo que se había cultivado tradicionalmente en esa zona. Producir fruta en Menorca no es tarea fácil. Es la isla más al norte del archipiélago y, por lo tanto, la más expuesta a los fuertes vientos. Por este motivo, la fruta solo se ha podido cultivar en las zonas más protegidas, como los barrancos. El Barranc d’Algendar es una zona privilegiada para ello.
Arbres d’Algendar tiene una colección de 160 árboles, dos pies de cada variedad, entre las que se encuentran perales, manzanos, cerezos, ciruelos, nísperos, higueras, cítricos, etc. El objetivo es conservar la biodiversidad cultivada de Menorca. “Estas variedades son un patrimonio de la isla; es algo que se tiene que conservar sí o sí”. Aprovechando estos campos, anualmente se realizan dos formaciones de inserción sociolaboral en agroecología.
En la visita estuvimos recorriendo el lloc. Nos encontramos con Tomeu, que gestiona la finca y es el formador de los cursos. Nos contó cómo fue el inicio del proyecto y el enorme trabajo de recuperación de las terrazas. Poco a poco se han ido plantando los frutales de la colección de variedades tradicionales; de hecho, la finca mantiene la organización tradicional: terrazas sostenidas por muros de piedra seca que permiten cultivar. El sistema de riego es muy antiguo, parece que de origen árabe; el agua se distribuye por toda la finca a través de canales de piedra que discurren sobre los muros y se acumula en safareigs, pequeñas balsas construidas con piedra tallada. Subimos a la parte más alta de la finca y llegamos a la era, también de piedra, donde antiguamente se trillaba el cereal y las leguminosas. Parecía que estuviéramos en un anfiteatro para admirar la belleza del lugar.
En estas tierras se ha recuperado la producción frutícola. Una pequeña parte de Arbres d’Algendar se dedica a la producción de cítricos, mientras que en la otra se encuentra la colección de variedades locales. Además, tienen un pequeño vivero donde preparan los plantones de las variedades más solicitadas, que luego comercializan a través de Es Viver del GOB, Sa Cooperativa del Camp de Menorca y la Cooperativa Agrícola Sant Bartomeu. Arbres d’Algendar es algo muy valioso: es el único vivero que produce frutales en Menorca y, además, allí se encuentra la única colección de variedades tradicionales de toda la isla. Un proyecto así debe mantenerse como un enorme tesoro.
Nos despedimos de este paraje compartiendo reflexiones con Tomeu. Es técnico forestal y geógrafo de formación, y le encanta su trabajo aquí. Hablamos de los retos a los que se enfrenta en la gestión de la finca: el agua es escasa en verano y, con el modelo de desarrollo en el que el turismo cada vez tiene un peso más relevante, el desequilibrio está servido. Tomeu nos contó que Menorca, hasta hace pocos años, tenía turismo, industria y agricultura. A día de hoy, dependiendo solo del turismo, la situación es frágil a nivel económico y genera enormes impactos a nivel ambiental. De hecho, hace dos veranos, la fuente de S’Aranjassa se secó, poniendo en grave riesgo la vida de los frutales de la finca. Voces críticas con este modelo ya señalaron que es consecuencia de masificar Menorca y exprimir los acuíferos.
Esta reflexión no viene de ahora: a finales de los años 90 se organizaron unos talleres de formación entre Mestral y el GOB Menorca. La propuesta, poco a poco, fue evolucionando hacia lo que hoy en día es Es Viver: un centro en el que se producen y se comercializan especies autóctonas que funcionan bien para jardinería y que son una alternativa sostenible a la introducción de plantas exóticas.
Nos acercamos hasta allí y nos recibió Eva Cardona. Es Viver se encuentra en una parcela de 4000 m2 en un polígono de Maó. Su objetivo es “promover una jardinería sostenible, reproduciendo y poniendo a disposición del público muchas plantas autóctonas que puedan llegar a sus jardines para que estos sean resilientes, biodiversos, poco demandantes de agua y, sobre todo, para evitar la introducción de plagas y especies invasoras, que es un problema muy grave para la biodiversidad de la isla. Además, con planta autóctona mejor adaptada evitas el uso excesivo de insumos y agroquímicos”, nos explicó Eva. Es Viver está también certificado en ecológico.
Cuando surgió, la iniciativa fue novedosa, ya que muchas especies silvestres que no se habían utilizado para jardinería empezaron a utilizarse. La selección se hizo a través de estudios en coordinación con la Universitat de les Illes Balears para ver qué especies podían manejarse dentro de un ambiente de vivero y de jardinería. “Esto fue un gran salto a favor de jardines más biodiversos, más sostenibles y más resilientes”, remarcó Eva.
En este vivero se pueden encontrar plantas silvestres de Menorca para jardinería sostenible de bajo mantenimiento, plantas aromáticas y culinarias, plantas acuáticas para sistemas de depuración de agua (filtros verdes) y plantas para reforestaciones. “También comercializamos algunas variedades más para temas de producción agraria, tanto de huerta de ocio como para productores profesionales. Lo más complicado de conseguir son los frutales. El único vivero de frutales de Menorca es Arbres d’Algendar; si no, estamos obligados a traerlos de fuera y, en muchos casos, son de producción convencional”, nos explicó. Para Eva, la conservación de semillas de variedades agrícolas locales es clave y, en Menorca, la APAEM y su Banc de Llavors de Varietats Local de Menorca (activo desde 2007) juegan un papel fundamental. Las variedades locales han sobrevivido generaciones gracias a su adaptación al clima y a las necesidades agrícolas propias de la isla: tienen mayor resistencia a las enfermedades, se adaptan a nuestro territorio y poseen una mayor capacidad de conservación. Aún podemos disfrutarlas gracias a muchos agricultores y horticultores que las han cultivado desde antiguo y han preservado este importante patrimonio cultural.
En Es Viver se puede encontrar mucha diversidad de planta porque el objetivo es la conservación. “Más o menos, tenemos una lista de cuatrocientas y pico especies, pero no todas están en producción; va por temporadas, por años, por capacidades, etc.” La mayor parte del proceso no se puede mecanizar: es muy artesanal. Requiere mucha mano de obra que sale adelante gracias al voluntariado. De hecho, tuvimos la suerte de conocer a Julia, Magda y Guido. Julia es una veterana en el vivero enamorada de las crasas. Magda, socia del GOB Menorca de toda la vida, ha empezado con su voluntariado de manera regular desde que se ha jubilado. Y Guido es italiano y está aquí como voluntario europeo del Cuerpo Europeo de Solidaridad. El ambiente que se respira es tranquilo, de dedicación y de cariño hacia las plantas y el proyecto. “No es un proyecto que busque la exclusivamente la rentabilidad económica, sino que tiene más un objetivo social y ambiental”, nos explicó Eva.
Encontrar este pequeño vergel en el polígono industrial de Maó nos conecta con la importancia de mantener la naturaleza entre nosotras. “Se está hablando cada vez más de considerar tu jardín como un pequeño ecosistema que te da unos servicios y que crea una especie de reducto de biodiversidad a tu alrededor, aunque estés en una ciudad. En una terraza, incluso en un balcón o en una ventana, tú puedes tener ahí un pequeño foco de biodiversidad”, reflexionaba Eva.
Necesitamos avanzar hacia nuevos modelos de jardinería: adaptarnos a la climatología y a la temporada, y no al revés. Por ejemplo, en un clima mediterráneo no podemos mantener césped verde en verano cuando las plantas están en estiaje –en modo de resistencia– por la falta de agua. Y la realidad es que hay alternativas para ello. “Además, ahora tenemos un curso de jardinería en marcha, un sábado cada mes, y damos este tipo de información: cómo tener un jardín resiliente, qué plantas seleccionar, cómo tratarlas, cómo hacer las podas, etc.”
En Menorca son tres los viveros en activo que reproducen plantas: CEO Ecoverd de la Fundació Per a Persones amb Discapacitat de Menorca; Arbres d’Algendar; y Es Viver. Los tres están certificados en ecológico y pertenecen a la Economía Social y Solidaria. Tres proyectos que nos muestran que se pueden plantear soluciones a retos tan importantes como la conservación de variedades o la escasez de agua. ¡Quién nos iba a decir que todos los viveros son, a su vez, respuestas que ponen la vida en el centro! ¡Alegría!












