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4 de febrero de 2026, Sant Antoni de Portmany, Ibiza

ESTAR DONDE SE QUIERE ESTAR

Nos levantamos en la finca de Maribel, un lugar maravilloso rodeadas de pinos, en lo alto de una colina. Lo primero que nos recibe es la lluvia otra vez. ¿Será que viene con nosotras? ¿La traemos en las alforjas? Tocaba pedalear, y la impresión de territorio montañoso que tuvimos al llegar a Ibiza fue corroborada por nuestras piernas. En un recorrido de sube y baja llegamos a la finca Ca na Portes, cerca de Sant Antoni.

Nos recibió Fina Prats, ambientóloga y amante del campo. Cuando acabó de estudiar hizo cursos de agricultura ecológica y empezó a producir hortalizas. Pronto vio que la agricultura sin ganadería no tiene sentido. Para mantener la fertilidad del suelo, necesitaba estiércol y decidió empezar con las ovejas. Al preguntar por sus motivaciones para vincularse con el sector primario nos respondió con claridad: “Me gustan mucho los animales, me gustan mucho las tradiciones, me gusta mucho nuestra Ibiza de verdad. Y me gusta estar conectada con la tierra y con el pelo”. Así se incorporó como joven agricultora en el año 2010. “Desde que empecé, nunca me levanto sintiendo que no quiero ir a trabajar. En otros trabajos que había tenido sí que me daba pereza ir, pero aquí no”, reflexionaba.

En aquella época, el Consell Insular d’Eivissa lanzó la propuesta de poner en marcha una quesería comunal en un polígono de Blanca Dona –que pertenece al ayuntamiento de Ibiza– a través de un proyecto LEADER. Se apuntaron ocho personas; entre ellas Fina y Pilar González, (esta última cordobesa, veterinaria y encargada de la dinamización del grupo). Al principio, la idea era que cada persona tuviese los animales en su finca y que una furgoneta se encargase de recoger la leche para transformarla conjuntamente. Sin embargo, vieron que esto no tenía mucho sentido y decidieron trasladarse todos con el ganado a la finca de Joan, un compañero del grupo. Empezaron a producir leche y a transformar conjuntamente en el obrador pero, poco, a poco los intereses fueron cambiando y, en 2018, solo quedaban activas en el grupo Pilar y Fina con su proyecto Ses Cabretes. En ese momento, apareció la oportunidad de la cesión de una antigua finca ganadera en desuso cerca de Sant Antoni. No se lo pensaron y decidieron trasladarse allí con el rebaño de cabras, donde siguen actualmente.

A día de hoy tienen un rebaño de unas 100 cabras murciano-granaínas e ibicenca. “En origen queríamos el rebaño para recuperar la raza eivissenca porque estaba en peligro de extinción, pero para ser sostenibles econonómicamente necesitábamos cabras que dieran más leche”, explicó Fina. Hacen queso tierno, semicurado y curado con la receta tradicional de la isla y, para ello, utilizan el cardo como cuajo vegetal. “Lo que queríamos conseguir era el sabor antiguo, lo que recordaban los mayores. Yo aprendí a hacer queso con una señora muy mayor, María, de Can Pujol Negre”, recordaba Fina. Los comienzos fueron muy difíciles: “Una puta odisea. Ir detrás de las cabras para que subieran al amarre y ordeñarlas. Yo, cuando lo recuerdo, todavía pienso: ¡Mare de Déu! ¿Cómo pude seguir?”, se reía mientras lo contaba. Aprendieron a base de prueba y error y hablando con los mayores, porque en Ibiza no hay escuela de pastores. A día de hoy, Fina y Pilar no están solas en el trabajo. Les ayudan Toni y Homeini. Venden el queso a tiendas pequeñas y en el mercado semanal de Sa Cooperativa, en Sant Antoni. Hacen solo una paridera anual y eso les permite tener los últimos meses del año más tranquilos.

Nuestra visita coincidió con la época de paridera. Al llegar a las cuadras, decenas de cabritillos nos rodearon y, al fondo, una cabra ibicenca acababa de traer dos chiquitos al mundo. Fina se emocionaba: “Hace 10 años que los veo nacer, pero cada año es igual de mágico.” Para que los animales produzcan leche es necesario que críen. Aunque parte de los cabritillos se quedan para recría y ampliar el rebaño, la mayoría tienen que venderlos. “Yo no me imaginaba que acabaría vendiendo cabrito para carne. Yo solo quería hacer queso. Pero claro, si quieres queso, las cabras tienen que parir. ¿Y qué haces con los cabritos?” reflexionaba Fina. Ella misma es consciente de la desconexión con los ciclos naturales que tenía en ese momento y que, sin duda, tenemos la mayoría de las personas.

Los inicios de la comercialización también fueron difíciles. Su queso de cabra, aunque tradicional de la cultura ibicenca, era un producto nuevo en el mercado: una paradoja. La venta ahora se hace sola porque su queso ya se conoce, pero al principio, colocarlo en el mercado fue complejo: “Al principio fue súper difícil vender el cabrito para carne, pero, finalmente, el producto se aprecia un montón. Tenemos cuatro o cinco restaurantes que nos apoyan. Una cosa beneficiosa de Ibiza es que hay mucho mercado y el precio no es un problema”.

Fina, aparte de Ses Cabretes también sigue como hortelana ecológica en Can Fontet. Como veis, la vida de Fina no para: la huerta, los animales… Una vida dedicada al campo. Fina, para su proyecto hortícola, se alió con Maribel Juan, coordinadora del Banc de Terras de APAEEF, y motor de otras muchas iniciativas necesarias, otra supermujer. Las dos cultivan una huerta de 4,3 ha en ecológico en la que priorizan el uso de variedades locales. A Fina y a Maribel les gusta innovar y cuidar el suelo. Hace poco ha llegado Petit, un hermoso caballo de tiro con el que van a empezar a trabajar la tierra. Comercializan su producto directamente los viernes en el Mercat de Sa Cooperativa de Sant Antoni. Este mercado nació en plena pandemia, “cuando surgió la necesidad urgente de garantizar salida a los productos locales y apoyar a las agricultoras y agricultores de la isla, convirtiéndose en un espacio estable de venta agroalimentaria local y profesional”, nos explicó Juan Antonio Prats, gerente de la Cooperativa Agrícola de Sant Antoni. Desde entonces no ha parado. A día de hoy, es un punto de encuentro donde muchas personas acuden cada viernes para realizar su compra de productos frescos.

Juan Antonio nos explicó que esta cooperativa nació para agrupar compras y mejorar las condiciones de los agricultores. “Hoy reúne a cerca de 2500 socios, entre profesionales y pequeños productores con huerto propio para autoconsumo. Además de suministros agrícolas y ganaderos, préstamos, servicios a terceros como labranza, siembra y cosecha de cereal, recogida y transformación de algarroba en nuestro propio molino, y apoyo logístico”. En un territorio donde la autosuficiencia alimentaria es frágil y gran parte de los insumos llegan de fuera, entidades como esta permiten sostener la producción local, abaratar costes y generar red.

Estuvimos visitando el mercado, en especial el puesto de Fina y Maribel, compañeras de huerta en Can Fontet. La venta directa en el mercado genera relaciones justas entre quienes producen y quienes consumen, lo que asegura precios dignos para una y otra parte y reconstruye el vínculo de confianza, conocimiento y corresponsabilidad en torno al alimento y al territorio. Compartimos reflexiones y charlas distendidas mientras las cuatro degustamos una rica comida. Para llegar a todo esto, Fina es consciente de lo afortunada que es: “Yo me he podido dedicar a esto porque no tengo hipoteca, porque tengo un marido con el que puedo conciliar y porque nos ayudó mucho el entorno. Además, no puedo olvidar como me han ayudado los servicios de la quesería comunal y el funcionamiento del matadero”. Algo que nos sorprendió muchísimo fue el servicio de transporte del matadero municipal. Cuando en Ses Cabretes ven la necesidad de llevar los cabritos a sacrificio llaman a los veterinarios del Consell Insular para que les manden el transporte. El camión llega, recoge los animales y, después de sacrificio, los distribuye directamente a los restaurantes. Seguro que los ganaderos que lean esto desearían tener este sistema en su zona.

Fina está preocupada por la sostenibilidad de la isla: “El tema de la soberanía alimentaria en un sitio como Ibiza está fatal. Más del 95 % de lo que se come viene de fuera. Es una lucha continua. El problema es la desconexión. Hace 40 años que nos hemos desconectado del campo”. En la isla hay muy buenos restaurantes y grandes chefs, pero ¿en cuántos la base es el producto local y se tiene en cuenta la temporada de los productos? Y a nivel doméstico pasa un poco parecido. Cada vez se cocina menos y, en general, no sabemos en qué temporada se produce cada cosa. El entorno no nos ayuda. Parece que lo más sencillo es consumir en grandes superficies, donde tenemos infinidad de productos todo el año. Existen alternativas, como este Mercat de Sa Cooperativa de Sant Antoni, pero requiere que quienes consumimos dediquemos tiempo y los conozcamos. “Como sociedad nos tenemos que posicionar, saber dónde estamos y qué actuaciones tenemos que hacer para llegar realmente allí donde nuestro corazón nos dicta”, reflexionaba Maribel. ¿Estamos dispuestas? En la situación de crisis de recursos y cambio climático que vivimos no nos queda otra. Apostar por la agricultura familiar, la producción ecológica y los alimentos cercanos y de temporada es imprescindible. Como dice el lema de APAEEF: “cultivem salut, coneix al teu agricultor més próxim. Per unes illes agroecològiques!”

Mercado al aire libre con puestos de verdurasQueso de cabra cortado sobre papelQuesos frescos de cabra en una rejilla de secadoCabras en el establo sobre pajaProductora preparando su puesto con patatas, naranjas y verdurasCiclista por una carretera entre campos verdesProductora con un cabrito en brazos en el establoCabritos recién nacidos junto a su madreTres mujeres posando junto a un muro de piedraManos llenando moldes de queso fresco