26 de febrero de 2026, Palma, Mallorca
UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Empezamos nuestro recorrido por la isla de Mallorca en Palma, la capital. Las pedaladas de Biela y Tierra suelen transcurrir por las zonas rurales, donde encontramos las materias primas que nos alimentan. Para nosotras es muy importante tender puentes entre lo rural y lo urbano, entre la producción y el consumo. Las ciudades son lugares donde se concentra mucha gente diferente y, precisamente por esa diversidad, se convierten en espacios de encuentro e intercambio de inquietudes y experiencias compartidas. Y esta es una de las cosas que pudimos descubrir con las amistades del supermercado cooperativo Terranostra. Como dicen ellas mismas: “el primer supermercado cooperativo de Mallorca, donde podemos encontrar mayoritariamente productos agroecológicos, locales y elaborados con principios de equidad, sostenibilidad e inclusión social, a un precio asequible gracias a la tarea compartida entre todas las socias trabajadoras y voluntarias”. Este supermercado está abierto para la venta tanto a personas socias como no socias.
Liliana De Amicis y Jean-François Cuennet nos recibieron en el local del supermercado. Comenzamos la conversación echando la vista atrás. Liliana, vinculada a REAS Baleares (Red de Economía Alternativa y Solidaria), nos contó que “en 2018, dentro de las actividades vinculadas al mercado social, se propuso traer el documental FoodCoop, sobre el supermercado cooperativo Park Slope Food Coop de Brooklyn, que lleva 50 años de recorrido. Fue todo un éxito, vinieron unas 200 o 300 personas. A partir de ahí, empezamos a trabajar”. Fue un momento clave, un catalizador de muchas energías, conocimientos y competencias distintas. “Llegó gente del ecologismo, de la pagesia, de movimientos sociales, de movimientos libertarios, pero también gente que no estaba vinculada a ninguna red. Fue súper bonito encontrar ese caldo ahí, que estaba como esperando que le echaran alimento para crecer”, explicó Liliana. Jean-François reafirmó: “Se habían alineado los astros y tenía que pasar algo”.
La idea era clara, pero ¿cómo? “Un supermercado cooperativo, sí, pero ¿asociación o cooperativa?, ¿vegano o no vegano?, ¿vegetariano o con carne? Todo esto eran cosas que fuimos hablando durante muchas sesiones”, explicó Jean-François. El proceso para asentar y desarrollar la idea fue lento y, en ocasiones, un poco farragoso, aunque la pandemia sirvió de acelerador. Aprovecharon el parón para hacer reuniones online: “Nos encontrábamos semanalmente, la gente que participaba casi no cabía en la pantalla. ¡Era brutal el número personas que se conectaban!”, explicó Liliana; Jean François añadió: “Se desatascaron muchos temas, se tomaron muchas decisiones que poco a poco se fueron ejecutando”.
Terranostra se constituyó en 2020 y el local abrió sus puertas en febrero de 2021; funciona como cualquier cooperativa en la que la asamblea general es el máximo órgano de decisión. Para el funcionamiento ordinario existen distintas comisiones: economía, local, legal, tecnología, acogida, intercooperación, productos, facilitación y cuidados, y comunicación. Además, está la asamblea de coordinación integrada por portavoces de las distintas comisiones más dos socias externas.
En la actualidad, ya son unas 600 socias, incluyendo tres socias trabajadoras asalariadas. Para que el modelo funcione es muy importante el consumo regular y también la responsabilidad de las socias de la cooperativa. Cada persona socia se compromete a aportar 2,5 horas al mes en la tienda o en las comisiones. “La idea es que los socios sean capaces de llevar el día a día del súper sin demasiada implicación de las personas trabajadoras y así, éstas se puedan dedicar a labores vinculadas a mejoras del funcionamiento de la cooperativa”, explicó Jean-François. Por este motivo están poniendo mucha energía en la comisión de acogida. “Cuando alguien se hace socio, quedamos con esa persona y se le explica muy bien cómo funcionamos, cuáles son los retos, todo lo que tiene que saber para que su aportación al super sea fructífera”, nos detalló Silvia Barrero, compañera de Terranostra. Esta parte requiere de mucha energía, pero están viendo los resultados: cada vez más gente asume su compromiso, lo mantiene con regularidad y siente la cooperativa más suya.
Terranostra se encuentra en la zona de S’Escorxador. La fachada del local es una cristalera decorada con vistosas frases que muestran los valores del súper. Según entramos, a la derecha, nos recibió un precioso mural de tela recordando su 5º aniversario, ¡Felicidades! En general, el local respira un ambiente cálido, luminoso y acogedor. Estanterías llenas de todo lo que encuentras en un supermercado, pero con criterios de sostenibilidad social y ambiental: productos locales, ecológicos y de comercio justo. En Terranostra se puede hacer el 100 % de la compra (alimentación, higiene, limpieza, cosmética, etc.) y, además, muchos de estos productos se venden a granel: ¡Fuera plásticos y envases no retornables!
Y todo esto está en manos de los consumidores, que son los propietarios de la cooperativa. Jean François nos decía que “una función importante del super es que actúa como una garantía: yo sé que lo que encuentro aquí ya ha pasado el filtro de la comisión de productos y puedo comprar tranquilo. Por ejemplo, con la situación de Palestina, empezamos a revisar aquellos productos en los que puede haber alguna relación con empresas que invirtiesen en Israel”.
Terranostra no es solo un comercio. “Yo creo que hay mucha gente que viene no solo por los productos, sino por la comunidad que se ha construido en estos cinco años. Vas conociendo gente y dices: Pero, ¿cómo puede ser que haya gente tan maravillosa?”, nos contaba Silvia emocionada. Y es que los super cooperativos, como nuestro querido Avecinal, no son solo un lugar donde ir a comprar, sino que es ir a casa. “Si ves una cosa que está por arreglar y tienes tiempo, lo arreglas. Como lo que una hace en su hogar. Este espacio alberga también muchos intangibles y carga sentimental”, añadió Liliana. Terranostra también es una forma de construir comunidad. Se proponen actividades paralelas, como charlas en el local, presentación de productos o visitas a fincas. Tuvimos la inmensa suerte de participar en dos de estas actividades: una visita a la bodega Jaume de Puntiró y una ruta en bici por el barrio para conocer iniciativas de la economía social y solidaria, dos actividades enmarcadas dentro de la celebración de los cinco años del supermercado.
Fuimos en tren a Santa Maria del Camí para conocer la bodega y los viñedos ecológicos de Jaume de Puntiró, fundada en 1980 por Jaume Calafat i Nadal. Actualmente lo regentan sus hijos, Pere y Bernat Calafat i Vich. Cerca del pueblo visitamos la viña de Can Pau, cepas de variedad Manto Negre de unos 30 años. Aparte, tienen otras 6 viñas. Están dentro de la Denominación de Origen Binissalem-Mallorca y de la IGP Vi de la Terra Mallorca. Además, forman parte de la Cooperativa de Pagesos Ecologics de Mallorca, que surte de productos a Terranostra. Terminamos la visita degustando sus vinos en una bodega en el centro del pueblo. ¡Un manjar!
La ruta en bici por el barrio fue organizada por la comisión de intercooperación. Este grupo nació en el año 2024. Después de realizar un estudio de mercado para el supermercado, llegaron a la conclusión de que era muy importante abrirse al barrio; que tenían poca conexión con el sitio donde estaban ubicados, y que había un potencial que no se aprovechaba”, explicó Jean François.
A partir de ese diagnóstico se reforzó la voluntad de “hacer barrio”, de crear red con el entorno más próximo y fortalecer los vínculos con otras entidades, favoreciendo el tejido vecinal y la comunidad. Cerca de veinte personas nos sumamos a esta pedalada por las calles del barrio, enlazando iniciativas que reflejan un ecosistema diverso de economía social, cultura, justicia alimentaria y transición ecológica. Conocimos Suscultura, cooperativa de servicios culturales y organización de eventos; CineCiutat, cine autogestionado colectivamente que es mucho más que una sala de proyección; el Bar Sion, ejemplo de bar de barrio con cocina de aprovechamiento; La Famolenca, espacio de cotrabajo que acoge cooperativas culturales, profesionales autónomos y proyectos vinculados a la justicia alimentaria; la Plataforma Comunitària Coliseu, impulsora de participación ciudadana e intervención comunitaria; la cooperativa de consumo agroecológica Agrohoritzontal, donde cada jueves se recogen verduras ecológicas y pan; la Fundación Deixalles, referente en inserción sociolaboral de personas en situación de vulnerabilidad; S’Altra Senalla, asociación de comercio justo comprometida con la erradicación de la pobreza en el Sur Global; el Mercat Ecològic, espacio de venta directa de payeses ecológicos que fortalece la soberanía alimentaria y, finalmente, Ecotxe, cooperativa de alquiler de vehículos eléctricos compartidos.
Nos vamos de Terranostra con la certeza de que este proyecto es más que un supermercado. Es un espacio donde han surgido amistades que se han ido generando en asambleas, turnos de tienda y compartiendo celebraciones. Se respira energía positiva, compromiso y la sensación de que lo colectivo no es un discurso, sino una práctica cotidiana. Y nos llevamos también una profunda reflexión: ¿consumo para qué? antes incluso de preguntarnos cómo consumimos. Jean François compartía: “La primera pregunta debe ser por qué consumo, no cómo consumo”. Una cuestión que nos recuerda al trabajo que desarrolla Carro de Combate, investigando las cadenas globales de producción y las consecuencias sociales y ambientales de aquello que compramos. En Terranostra el consumo deja de ser un acto automático para convertirse en una decisión política y comunitaria. Quizá ahí resida la verdadera transformación: no solo en cambiar el carrito, sino en cuestionar el motivo por el que lo llenamos.










