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21 de enero de 2026, Ferreries, Menorca

LA BUENA VIDA

Por fin llegó el día en el que pedaleamos un poco más en serio. Fuimos desde Ciutadella, en el extremo oeste de la isla, hacia el centro. El tiempo nos acompañó y disfrutamos muchísimo de la bici. Los paisajes agrarios de Menorca son una delicia para los sentidos: mosaico de colores con las parcelas (les tanques) bien delimitadas por los infinitos muros de piedra seca, los campos de cereal y pasto llenos de las vinagrelles amarillas y los ullastres salpicados por doquier, que nos recuerdan a las carrascas de nuestras tierras.

Aprovechamos el recorrido para visitar algunos restos de la cultura talayótica, los primeros habitantes de las islas, que datan del s XX a.C. Pudimos visitar los Talayots de Montefí, un poblado del año 1000 a.C. con cuevas artificiales subterráneas que formaron una necrópolis de gran extensión. Nos quedó pendiente visitar la Naveta dels Tudons, el monumento funerario más conocido de Menorca.

Nos acercamos a la finca de Santa Cecilia ascendiendo por una carretera estrecha. Teníamos muchas ganas de llegar para conocer a los pagesos que la gestionan. “¡Ay, vais a conocer a Tònia y Carlos, son muy majos, ya veréis!”, nos habían dicho. Y la verdad es que nos encantaron. Al llegar nos sorprendió la belleza del entorno y el enclave privilegiado, una finca de 100 hectáreas dedicada a la producción ecológica. Tienen 40 hectáreas de bosque y el resto lo destinan al cultivo y a la ganadería. Esta finca, como tantas otras en Menorca, está bajo la figura de SRM, Sociedad Rural Menorquina, una forma jurídica modernizada de la medianería o aparcería tradicional. “En una SRM, están el socio cultivador y el socio propietario. Todo va a medias, los gastos y las ganancias, si hay”, nos explicó Carlos.

Tònia Santolaya y Carlos García vienen de familia de pagesos. Ellas, aprovechando el tirón del turismo y la construcción fueron a la ciudad, “pero cuando tienes hijos –tenemos tres, contaba Tònia–, te entra esa cosa de decir: nosotros nos criamos en contacto con la tierra y es otra manera de vivir”. Y, claro, querían ofrecer lo mismo a sus peques: “Nos removió un poco y fue cuando decidimos buscarnos la vida en el campo de nuevo”. En 2015 empezaron trabajando en una finca de agroturismo donde la parte de producción la llevaba Carlos y la turística Tònia. En 2020 conocieron a Natalie y Hervé, una pareja francesa, , que estaba buscando a pagesos para llevar el lloc Santa Cecilia, finca de su propiedad, siguiendo las bases de la producción ecológica. Carlos y Tònia nunca habían trabajado en ecológico, pero pensaron que, “en definitiva, es hacer las cosas como las hacían nuestros abuelos”.

Entonces vinieron los cambios. A Carlos y Tònia les va la marcha y decidieron meterse hasta el fondo con vacas menorquinas, menos productivas, pero más rústicas. A la vez, fueron haciendo la conversión de las tierras para certificarlas en ecológico. “Lo cogimos como un reto y queríamos vivir de lo que la finca nos ofrecía, autoabastecernos lo máximo posible”. Querían tener vacas, pero también diversificar. Actualmente, intentan cerrar el ciclo: las vacas se alimentan principalmente de la finca; de ellas obtienen leche que transforman en queso y el suero que sobra alimenta a la piara de cerdos que Tònia y Carlos convierten en embutido tradicional. “Para hacer una agricultura ecológica y vivir de ella, que sea real, o diversificas o te mueres. Cuantos más productos, más opciones de vender tienes. Si algo no te funciona, al menos tienes otras pequeñas producciones que dan ingresos”, nos dijo Carlos. Tònia añadió: “Aquí empezamos con el queso, complementamos con el embutido, con la miel, con la huerta; lo último que hemos empezado a hacer es el helado”. ¿Helado? ¿De verdad? “Sí, helado, así podemos dar salida a toda la leche”.

Los cultivos de la finca sirven para alimentar al ganado. Cultivan: cereales y pasto. “Hacemos las tres sementeras, por lo que la finca está dividida en tres partes: en una parte sembramos cereal, en otra pasto y la tercera descansa. No utilizamos nada de químicos. Es como se hacía antiguamente”, explicó Carlos. En verano no producen queso porque no hay pasto en el campo y no quieren alimentar a las vacas con forrajes de fuera: “Si no hay pasto en verano, pues secamos las vacas, que descansen y no hacemos queso, el queso ya lo tenemos hecho. Pero es que esto no es nada nuevo. Esto es lo que hacían nuestros abuelos”.

Para comercializar sus productos eligen, principalmente, la venta directa a través ferias y mercados: “Vender directamente no es porque nos guste salir a cada mercado, es la necesidad de dar a conocer este producto. La clientela empatiza contigo. Las mismas manos que hacen el queso son las que se lo están vendiendo. Y para quien produce el beneficio es más directo: evitas intermediarios y no dependes de otros,” explicó Tònia.

Santa Cecilia es una de las fincas que está en el programa de Custodia Agraria del GOB Menorca, una iniciativa que promueve la gestión viable y responsable de la tierra. El pagés se compromete a hacer una gestión sostenible de su finca y, a cambio, desde el programa recibe asesoramiento, visibilidad, ayudas de voluntariado y formación. “Para nosotras es como nuestra comunidad, nuestra ayuda, nuestra segunda familia”.

Tònia y Carlos están consiguiendo lo que se propusieron. Sus hijos Isabel, Sebastián y Tònia conocen cada rincón de la finca y a los animales. Nos explicaron todo tipo de anécdotas y detalles. Se están criando con los pies en la tierra. Lo que hacen en Santa Cecilia nos recuerda que vivir del campo es posible si se diversifica, se apuesta por el trabajo con sentido y las redes. Tener vacas, hacer queso, criar cerdos, cultivar cereales, vender directamente en mercados… no es solo una manera de ganarse la vida, es una forma de cuidar la tierra, mantener vivo el medio rural y ofrecer alimentos de verdad. En un mundo cada vez más incierto, apoyar a quienes producen en ecológico desde lo pequeño y cercano no es solo una opción, es un compromiso con el futuro que queremos. Gracias por recibirnos con tanto cariño y por mostrar que otro modelo rural es posible.

Vista del valle desde la carretera, con olivos y colinasCiclista contemplando un talayot junto a un acebucheCartel «Som una productora ecològica» y una calabaza en la tienda de la fincaDos ciclistas con alforjas en un camino de tierra junto a un edificio de piedraQuesera sonriente sosteniendo un queso en la cámara de maduraciónQuesero elaborando queso en el obradorFamilia de la finca Santa Cecilia posando con las ciclistas y un gatoCiclista leyendo el panel del Camí d'en KaneMano sosteniendo un envase de producto de Santa CeciliaVitrina con quesos artesanos ecológicos y embutidosCerdo negro en un terreno de tierra rojaVacas rojas caminando en fila por el prado