14 y 15 de febrero de 2026, Buscastell y Sant Josep de Sa Talaia, Ibiza
SIN AGUA NO HAY VIDA
Ibiza es la única isla del archipiélago balear que tiene un río. Ese dato, que puede parecer insignificante, nos muestra hasta qué punto el agua es un bien preciado en Baleares. Aquí, en Ibiza –una isla marcada por la fragilidad de sus acuíferos y por una presión turística que triplica la población en verano–, es necesario hablar de este recurso. En los días previos a esta visita leímos el artículo “La Ibiza del agua: paisajes de retención” y tuvimos la suerte de compartir tiempo y conversación con David, su autor, de Sustraiak Habitat Design, amigo de la península.
En este artículo, David insiste en que el gran reto no es solo cuánta agua tenemos, sino cómo la gestionamos: pasar de una lógica extractiva a una cultura de retención, infiltración y cuidado del paisaje que permita recargar los sistemas naturales y sostener la vida a largo plazo. Como señala en su artículo, en un contexto de cambio climático y lluvias cada vez más torrenciales e irregulares, recuperar estructuras tradicionales y diseñar nuevos paisajes de retención es clave para frenar la escorrentía, favorecer la infiltración y devolver resiliencia al territorio. Con esa mirada comenzamos este cuaderno de campo, entendiendo que cada acequia, cada safareig y cada depósito contra incendios forman parte de una misma pregunta colectiva: ¿cómo queremos habitar una isla finita sin agotar su agua y, con ella, su futuro?
Y no solo lo decidimos nosotras, sino que, durante el proceso de selección de iniciativas a visitar en Ibiza y Formentera, las entidades participantes vieron clara la importancia de incluir el tema de la gestión del agua. Nos hablaron de dos lugares de interés: por un lado, Es Broll de Buscastell, lugar emblemático con una infraestructura hidráulica venida a menos; por otro lado, el valle de Rafal Trobat, donde vecinas y vecinos se han puesto manos a la obra para gestionar de manera eficiente el agua que llega a sus tierras y a su territorio forestal.
Es Broll es famoso por su fuente natural, que proviene de uno de los acuíferos más importantes de la isla. Para conocer este lugar, fuimos de la mano de Cati Torres, pagesa de Can Raconada, una de las fincas que siguen activas en la parte más baja del valle. “Aquí, en el Broll, el agua brota del pozo y se utilizaba para moler trigo en los molinos: llegó a haber hasta siete. Según dicen, se dieron cuenta de que el agua se perdía y empezaron a hacer bancales. El agua que salía de los molinos se aprovechaba para las acequias que regaban las huertas”, explicaba Cati mientras disfrutábamos del impresionante paisaje. A lo largo del valle discurren canales, albercas o safareigs (como aquí las llaman) con compuertas o tajaderas que organizan el riego continuo a las parcelas de cultivo, hechas con muros de piedra. Esto crea un entorno fértil, herencia de los árabes, que ha sido utilizado durante siglos para la agricultura. Visitando el lugar Cati recordaba:“hace 20 o 30 años aún sembraban maíz aquí”.
Cuando te vas acercando a la parte alta del valle, donde se encuentra Es Broll, la sorpresa es mayúscula. ¡Cuánto trabajo y qué bien planificada estaba la gestión del territorio! En un torrente angosto, decenas de pequeñas fajas permitían alimentar a la población. Gracias a las copiosas lluvias de este año pudimos admirar un paisaje frondoso y lleno de vida; pero, los dos años anteriores, la situación fue muy diferente: Es Broll estaba completamente seco y murieron muchos árboles porque no se podían regar. Actualmente, la parte alta del valle está sin cultivar y los safareigs se han convertido en piscinas que utilizan los visitantes en verano. Imaginamos que la mayoría no debe conocer ni valorar la historia de este lugar.
Cati, junto con su hermano Toni, gestiona el campo con el modelo de agricultura familiar diversificada. Esta familia ha mantenido, sin interrupción, la herencia pagesa como productores para autoabastecimiento y la venta del excedente desde hace generaciones. Toni padre nos presentó a su mula Cortona; él ha cultivado toda la vida con animales y desprende gran sensibilidad y buena mano para tratar con ellos. “Las huertas que están en la parte más alta de Es Broll se trabajaban con un càvec y las labraban con mulas y caballos pequeños”, recordaba Toni padre. La vida social también era muy distinta: “Cuando tenías que hacer alguna labor de mucho trabajo avisábamos a los vecinos y venían. Luego tú hacías algo para ellos. Por ejemplo, él venía a ayudar a sacar la patata y yo ayudaba a coger algarrobas”. Había solidaridad entre familias y vecinos. Esta familia sigue teniendo un pequeño rebaño de ovejas que alimentan con sus propios cultivos de forrajes y cereales. También cría cerdos para elaborar embutido para su casa y cuidan con esmero del corral y las gallinas. Cultivan verduras, hortalizas y la famosa patata roja ibicenca, que llevan semanalmente al Mercat de Sa Cooperativa en Sant Antoni los viernes y al de Mercat de Forada los sábados.
Pepe Bonet, de Can Fiet, actual presidente de la comunidad de regantes, nos explicó que “Es Broll significa el chorro. Es un caudal de agua que brota de un agujero que simula un pozo. No hay ningún motor debajo del pozo que inyecte hacia arriba el agua; es un fenómeno natural. El pozo se llena y rebosa; el agua cae valle abajo por gravedad.”A día de hoy, en la asociación de regantes son unas 60 familias las que utilizan esta agua, aunque solo hay tres fincas que se dedican profesionalmente a la agricultura. “Cada uno tiene estipulado su día, su hora y su uso, que está escrito en los estatutos”, matizó Pepe. Hace 80 o 100 años, cuando el acceso al agua no era tan fácil como ahora, la zona de Es Broll era muy apreciada por su enorme riqueza. “Casi toda la isla venía aquí para proveerse de naranjas, cerezas, verduras, frutas frescas, porque teníamos fácil acceso al agua. La riqueza era la tierra y el agua. Hoy se valora mucho más la costa. Esta era una de las zonas más ricas de la isla”, reflexionaba Pepe.
Can Fiet mantiene la producción hortícola en su finca: venden directamente en mercados y, además, surten al restaurante familiar, Es Ventall. Están en el proceso de conversión a la agricultura ecológica. Vincular esta agricultura con la restauración le permite planificar mejor las cantidades de alimento que producen y ajustar las cosechas. Este modelo, como el de Marina de Can Puvil con el restaurante Sa Caleta, es un ejemplo de cómo el sector turístico puede apoyar directamente el mantenimiento de una agricultura real que sostenga la alimentación de la isla.
La comunidad de regantes se mantiene activa para conservar este legado. Con el mismo espíritu, nos acercamos hasta la siguiente visita: Associació de veïns de’s Rafal Trobat. El valle de Rafal Trobat se encuentra en el sudeste de la isla, entre Sant Josep de sa Talaia, Sant Rafel de Forca y Sant Jordi de Ses Salines. Antiguamente, había más de veinte casas pagesas diseminadas por sus laderas. Con la llegada del turismo, la vida pagesa desapareció, pero algunas de esas casas siguen habitadas. Se han construido otras nuevas y se ha desarrollado un núcleo urbano en la parte más baja. Cati Sala Cardona, presidenta de la asociación, nos contó: “Soy de Can Pere Marí Baix y esta zona ha ido cambiando mucho, mucho. Era la más pobre de la isla, éramos un sitio aislado: pagesos que cultivaban su tierra y punto. Antes se iba en bici, en carro o en lo que se pudiera; era muy duro vivir aquí. Ahora hay de todo y somos un barrio privilegiado por nuestro entorno natural”. De hecho, es la masa forestal más grande de Ibiza, el pulmón verde de la isla.
Las vecinas y vecinos, sabedores del valor que tiene su territorio, se empezaron a organizar cuando estas montañas se estaban convirtiendo en vertederos ilegales. “El 7 de febrero de 2007 nos juntamos un grupo de vecinos, montamos una limpieza del valle y en esa primera actuación sacamos de todo: motos, coches abandonados… Después, el ayuntamiento siguió una semana más. Y desde entonces hemos creado un sentimiento de comunidad, hemos visto que juntos somos más fuertes”, explicaba Rafa Tur, tesorero de la asociación. Este movimiento nos recuerda a nuestras amigas de Nalda.
Con esta fuerza que da la unión y después de los grandes incendios del norte de la isla en 2011, “preocupados, vimos que los siguientes podíamos ser nosotros, así que nos pusimos manos a la obra. Hemos ido desarrollando iniciativas:”tenemos un plan de ordenación forestal, un plan de gestión contra incendios y también educación ambiental”, nos contaban.
Rafa, junto a Andrés Galera y Jordi Ribas también socios y aficionados a la bicicleta–, nos prepararon una excursión en bici para conocer el valle y algunos puntos en los que la asociación ha hecho actuaciones. Visitamos Es Pous de Can Cama, unos pozos rehabilitados por la asociación dentro de su plan de restauración de elementos etnográficos; también tuvimos la suerte de hacer una parada en el aula educativa al aire libre sobre la vida de las abejas, donde suelen ir escolares a conocer su entorno natural. Terminamos el paseo con la comida popular anual de la asociación, donde compartimos una deliciosa paella con el resto de familias socias y pudimos degustar el licor d’herbes que hacen conjuntamente todos los años.
A través de Rafal Trobat, el 98 % de los vecinos constituyeron la Asociación de Propietarios Forestales de Ibiza, cuyo ámbito es toda la isla. Desde ahí promovieron el plan de gestión forestal de las Islas Baleares e hicieron un proyecto para instalar veinte depósitos contra incendios por toda la isla, con una capacidad media de 120-150 toneladas cada uno. Rafa remarcó que “teniendo en cuenta que antes solo había cinco depósitos con una capacidad media de 50-60 toneladas, el salto cuantitativo ha sido muy grande y, sobre todo, ha sido una mejora de la red contra incendios, además de crear conciencia y cambiar la cultura”.
Actualmente tienen el plan de ordenación forestal más ambicioso de la isla, con 320 hectáreas, que también incluye sensibilización. “Nosotros hacemos un proyecto integral. Con el plan forestal de Rafal Trobat creamos un cinturón de seguridad limpiando los márgenes de los caminos. En las entradas al valle pusimos puntos de agua, toma contra incendios; después creamos un circuito en el cual, si hubiese un incendio, los medios de extinción podrían trabajar de forma segura”, explicó Rafa. También llevan a cabo cada año la gestión de las tierras de los propietarios del valle, como la siembra y la roturación. “Cuando aramos rompemos la costra superficial, esto mejora la infiltración y, además, mantenemos las zonas limpias para que el bosque no tome esos campos. Estas zonas se convierten en pequeños cortafuegos en caso de incendio.”
Otra línea de acción y denuncia de la asociación es la gestión del agua. “En Ibiza, la política de gestión de agua siempre ha sido una política extractiva. Los acuíferos han sido sobreexplotados y muchos se han salinizado. Los ayuntamientos nunca han gestionado de forma directa este bien público, sino que lo han dejado en manos de operadoras privadas”. Consiguieron cerrar el Pozo de Ses Eres, del que, pese a estar salinizado, la administración seguía sacando agua. Un sinsentido.
Rafal Trobat es una de las entidades fundadoras de la Aliança per l’Aigua de Ibiza y Formentera, una ONG que trabaja para conseguir una gestión más sostenible del agua en las Islas Baleares a través de la generación de conocimiento para mejorar las políticas públicas. Marina Moheno, su coordinadora, nos explicó que: “En Ibiza diez de los dieciséis acuíferos están sobreexplotados y salinizados. Tenemos acuíferos que están incluso al 3 % de su capacidad y, en 2026, seguimos extrayendo agua en vez de dejarlos descansar para que se puedan recargar naturalmente”. La situación es crítica: en verano la población se llega a triplicar. Esto conlleva que las infraestructuras del ciclo integral del agua colapsen. “Además también está el problema de la depuración. Por ejemplo, la depuradora de Ibiza, diseñada en 1970, evidentemente no está dimensionada para la carga que recibe ahora en 2026 y, por este motivo, es prácticamente un colador”, explicó Marina. En los momentos de picos del verano, la depuradora no tiene capacidad para absorber ese volumen y el agua se vierte al litoral marino, causando incluso eventos de contaminación de aguas residuales. “Actualmente, las cosas han cambiado y, gracias a la presión ejercida por la Aliança per l’Aigua, están funcionando tres depuradoras que hacen posible que podamos tener agua como una fuente alternativa de abastecimiento”.
Desde la alianza acompañan a administraciones, empresas y organizaciones hacia la circularidad del agua implementando herramientas de gobernanza y nuevas tecnologías. Además, promueven una nueva cultura del agua impulsando proyectos de educación ambiental, desarrollando proyectos de conservación y restauración de la naturaleza para conseguir ecosistemas acuáticos vivos. “La nueva cultura del agua lo que pretende es cerrar su ciclo”, detallaba Marina. Están trabajando para concienciar a la población en general sobre el uso sostenible del agua y, sobre todo, con el sector turístico, para que ponga en marcha sistemas que permitan recircular el agua y cerrar sus propios ciclos.
Pasamos una jornada de domingo sobre ruedas descubriendo uno de los rincones más bellos y auténticos de Ibiza de la mano de una comunidad comprometida y activa. “Intentamos recuperar el sentido de vivir con la naturaleza y no contra la naturaleza. Somos un valle abierto, participativo, y lo que intentamos hacer es que todo el mundo vea que se puede gestionar el territorio de otra manera y que esa gestión se haga de forma sostenible”, explicó Rafa. Una vez más comprobamos que la unión hace la fuerza. Actuar en colectivo permite dejar a un lado la desesperación para pasar a la proposición y a la acción. Damos gracias a Ibiza por mostrarnos que hay otros caminos. Vuestra resistencia nos empuja a seguir pedaleando.












