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29 de enero de 2026, Alaior, Menorca

UN GRAN ECOSISTEMA

En Menorca el desarrollo del turismo fue más tardío que en el resto de las islas. Hasta el año 1969 no se inauguró el aeropuerto. Según vamos avanzando hay varias personas que ya nos han hablado de la Vía Menorquina de Crecimiento, que se caracterizó, durante décadas, por un marcado equilibrio intersectorial, rasgo que la diferenció del resto de las Baleares. “Los tres sectores –campo, industria y turismo– tenían un peso equivalente en el PIB insular. El turismo era uno más. Ahora el 80 % del PIB se genera entre el turismo y los servicios, mientras que la industria ha ido quedando relegada», nos explicó David Baret, responsable de comunicación de la Cooperativa de Consumo San Crispín.

Tradicionalmente, en Menorca, la industria ha jugado un papel muy importante. La isla era famosa por los zapatos y la bisutería. Los distintos gremios tenían fuerza y, en Alaior ,se fundó la Cooperativa de Consumo de San Crispín. Tras la guerra civil, en la época de la autarquía, Menorca se encontraba en una situación económica y laboral de penuria tremenda y persistente. Frente a esta situación, el gremio de la piel decidió estudiar el caso del comercio en Alaior, para combatir la debilidad económica de los trabajadores del calzado. Así nació en 1953 San Crispín (en homenaje al patrón de los zapateros). «La cooperativa permitió a la población, especialmente a los más desfavorecidos, tener acceso a una alimentación saludable, suficiente y especialmente a precios asequibles», nos explicó Josep Maria Teis, vicepresidente de su Consejo Rector. Desde su nacimiento, San Crispín se convirtió en un elemento muy relevante de dinamización del tejido asociativo, y así sigue siendo. Actualmente son 3500 socias y tienen cuatro tiendas abiertas al público: un supermercado y una tienda en el centro de Alaior, otra en Es Migjorn Gran y la tienda online. Como nos recordaba Josep María sobre el sentimiento que genera la entidad: “Tú no eres de San Crispín, tú eres San Crispín”.

Llegamos a Alaior para conocer esta cooperativa y, sobre todo, hablar del proceso que se está llevando a cabo con la Aliança per una Menorca Agroecològica. En el Aula de Cocina de la Coop San Crispín nos juntamos con distintos agentes que están activando esta aliança. La conversación comenzó situándonos en el contexto: en los últimos años las administraciones de la isla han diseñado planes de acción en diferentes ámbitos que han permitido tener información actualizada de las necesidades en relación a la Reserva de la Biosfera, flujos alimentarios, la contratación pública, salud y familia, la pesca, modernización de la restauración, etc. Nuria Llabrés, de Justicia Alimentaria, remarcó que Menorca es un territorio preocupado por la alimentación y la producción de sus alimentos: “En 2017, Menorca se adhirió al Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán; las administraciones de la isla se pusieron de acuerdo para elaborar un diagnóstico de las políticas alimentarias y definir su propia estrategia alimentaria”. Esta ONG fue la encargada de la elaboración completa de la Estrategia Alimentaria de Menorca 2018-2021. Con los cambios políticos, la siguiente fase de la Estrategia quedó paralizada y, ahora, con la Aliança per una Menorca Agroecològica, se ve una oportunidad para avanzar desde la sociedad civil. El enfoque tradicionalmente muy centrado en la ganadería vacuna de producción de leche ha generado muchos problemas ambientales y un sector agroganadero excesivamente dependiente de los precios de la leche. A esto se suma el cambio climático y la elevada presión turística: 1,5 millones de turistas en 2023 en una isla con una población residente de aproximadamente 100.000 personas. Eran varios los retos que se necesitaba abordar.

Jara Febrer, del GOB Menorca, añadió, “a todo esto, hay que añadir el trabajo de Custodia Agraria”. Tras 20 años con este programa vieron que necesitaban llegar a perfiles de productores menos sensibles con la cuestión medioambiental. “Surgió una oportunidad. Nos llamaron a la puerta para involucrarnos en un proyecto europeo Horizon vinculado con el tema de suelos”. Se juntaron Custodia Agraria del GOB Menorca, Cooperativa San Crispín, Räyen Soluciones Agronómicas y la Universidad de Valencia. Vieron que con este proyecto se podría abordar en la innovación de prácticas agrarias, reducir las dificultades de trabajar en un territorio aislado y responder directamente a las necesidades de los agricultores, tanto a nivel agrícolas como económico. La sorpresa vino cuando consiguieron este proyecto, además para cinco años: Governance for a Living Lab GOV4ALL.Este proyecto se desarrolla em en cinco territorios de Francia, Grecia y España mediante un enfoque participativo. El proyecto busca unir al sector productivo, comunidad científica, ONGs y responsables públicos para promover una agricultura que genere ingresos y cuide los recursos naturales, especialmente el suelo. Este proyecto trajo muchos conceptos nuevos, entre ellos Living Lab, un banco de pruebas reales y un entorno de experimentación donde los distintos agentes del territorio pueden imaginar juntos soluciones a los problemas que han identificado.

Empezó el proceso participativo y, al poco tiempo, se dieron cuenta de que este proceso era ya en sí el propio Living Lab. “La clave es la unión de todas estas iniciativas y crear un discurso común hacia dónde queremos ir y poder visibilizar todo lo que se está haciendo. Pensamos, Living Lab es una palabra muy rara, vamos a llamarle Aliança”, recordó Joan Sánchez, gerente de Cooperativa San Crispín. «Para nosotros lo importante es este movimiento, es esta colaboración, es abrirnos a mucha más gente. No es un club exclusivo, es una Aliança”, recalcó Nuria. Y David añadió: “si somos pequeños y además no vamos a una, nos convertimos en minúsculos”.

Se empezó a trabajar de manera participativa en este nuevo concepto. Surgió un grupo motor de la mano de las entidades GOB Menorca, Menorca Preservation, Justicia Alimentaria, Mercat de Proximitat Sa Plaça y Cooperativa San Crispín. A título individual también se han unido Stéphanie Mahé, Rafel Félix, Rosa Gil y Alejo Fernández. Este grupo se reúne periódicamente, por ahora cada mes. Además, se han organizado talleres de cocreación que han permitido definir la visión, la misión y los objetivos. También se ha decidido el nombre:Aliança per una Menorca Agroecològica, un logo y una web en la que se recoge todos los avances. Ya hay 24 entidades y 37 personas adheridas. ¡Y esto es solo el inicio!

El trabajo de la Aliança per una Menorca Agroecològica se organiza en cinco ámbitos clave: colaboración entre los actores del sistema agroalimentario para impulsar proyectos útiles y compartidos; acompañamiento técnico y humano a la producción agraria en su transición hacia prácticas más sostenibles; innovación al servicio del suelo, la salud y la viabilidad del campo; comercialización basada en circuitos cortos que refuercen el vínculo entre quien produce y quien consume y, finalmente, sensibilización para implicar a toda la sociedad en la transformación del modelo alimentario de la isla.

Nos quedamos fascinadas con la capacidad de organización y la fuerza que desprende este equipazo. Querían que fuera algo muy concreto y ligado al territorio, “que no sea solo un proceso emocional, sino que nos ocupemos de los temas materiales también. Tenemos que encontrar intereses comunes de mucha gente y hacerlos confluir. Que vengan porque les conviene. Y si una finca se quiere meter en esto puede ser porque vea una posibilidad de mejora”, explicó Joan. Y no solo fincas, sino que también quieren que se acerque a este proceso el consumo, la hostelería y la restauración. Pero la Aliança no se ha quedado solo en los talleres y reuniones. Poco a poco, el proceso sigue tomando forma, articulando acciones concretas que responden a las necesidades detectadas. Entre los pasos que van dando ya se han concretado dos planes que encajan con los objetivos.

El primero que nos explicaron fue el proyecto de innovación para acompañar al sector. Han empezado lanzando una convocatoria abierta a las fincas, tanto convencionales como ecológicas, interesadas en iniciar un proceso de transición agroecológica. Han abierto la convocatoria para 15 fincas. Ha sido un éxito y ahora tienen que revisar las candidaturas. Su objetivo es acompañar desde los primeros pasos hacia una gestión agroecológica, tanto desde la parte técnica como económica, recompensando el esfuerzo realizado. “Sabemos que muchas veces hay cosas que nos gustaría hacer, pero no acabamos de llegar. Ahora, con este proyecto, podemos innovar en el tema de prácticas agrarias”, confesaba Jara. Este proyecto permite experimentar con prácticas que suelen quedarse en el tintero: compostajes mejorados, uso de biofertilizantes, valorización de subproductos como la lana, etc. Cada finca que esté en este programa de innovación recibe un acompañamiento técnico, formación específica y una ayuda de 5000€ al año durante dos años, un incentivo necesario para que las ideas se conviertan en acción: “No es mucho dinero, pero queríamos poner una pequeña ayuda económica porque sabemos que muchas veces es complicado hacer cambios si no hay también un mínimo de apoyo”. Con este plan piloto también se quiere saber qué barreras encuentran, qué oportunidades aparecen, y aprender de ello para luego poder escalar o replicar en otras fincas.

El segundo proyecto que está aterrizando es el Centro Agroecológico de Distribución (CAD). Desde el inicio del proyecto europeo, uno de los temas que emergió con fuerza fue la necesidad de mejorar la comercialización de los productos locales. “El CAD responde a una demanda histórica del sector agroecológico en Menorca. Hay una necesidad clara de estructurar y mejorar la comercialización de los productos locales”, señaló Stéphanie Mahé. Ella anteriormente cogestionaba pequeños hoteles de interior en la isla de Menorca. Trabajaba con productores locales y, un jueves cualquiera, cuando el productor de yogures le trajo el pedido, pensó: “¿Pero que hace este hombre aquí? Debería estar en el campo, cuidando de los animales, y no de reparto”. Su vida dio un giro profesional y ahora está centrada en ayudar logísticamente a la producción local. «Una de las propuestas de la Aliança es llegar a aglutinar entidades que comparten las mismas inquietudes y, juntas, con más peso, llegar a encontrar financiación para poder desarrollar proyectos concretos», explicó Stephanie. La oportunidad del CAD llegó con una convocatoria de la Fundación Daniel y Nina Carasso, que justo encajaba en esa línea de fortalecer sistemas agroalimentarios territoriales. “Desde el grupo motor dijimos: lo vemos, vamos a por ello”. Además de responder a un reto logístico, el CAD muestra la cooperación y unión entre entidades, uno de los principios fundamentales de la Aliança.

En estos días por Menorca, también hemos tenido la oportunidad de encontrarnos con otras personas del grupo motor: Rebeca, de Menorca Preservation, destacó la importancia de la Aliança ya que “estamos en un momento vital en el que creemos que tenemos que dar apoyo al sector primario. Ellos son una parte esencial de la preservación del paisaje y del suministro de alimentos. Se necesita apoyo en temas burocráticos, en el proceso de producción local y también en cómo hacemos que ese producto llegue a más personas, que sea más accesible. Y la Aliança está trabajando en ello”. Por su parte, Rafael Félix, productor de verduras y hortalizas en S’Hortet de s’Algar, compartió su visión como agricultor: “Creo que puede ser un cambio en el paradigma de la isla, que cada vez está perdiendo más producción y que cada vez está más falta de muchos servicios. A través de esta Aliança se puede dar un salto que podamos aprovechar todos los actores de la cadena alimentaria”. Estas reflexiones nos muestran que este proceso no solo está generando debate entre entidades, sino que también se está trabajando con las manos en la tierra.

¡Qué maravilla la Aliança y conocer en profundidad cómo ha sido el proceso! Algo que muchos territorios miramos con admiración. Cuando preguntamos por las claves de éxito, las respuestas fueron claras: confianza y participación. “A las entidades y a los actores que estamos implicados ya se nos reconoce como interlocutores válidos”, señaló Nuria, de Justicia Alimentaria. Esa legitimidad no viene de fuera, sino de años de trabajo y cercanía. Además, Jara añadió: “No ha venido nadie de fuera a decir a la comunidad local (como se usa en la jerga de los proyectos europeos) lo que tiene que hacer. Somos nosotros, la propia comunidad local, quienes estamos decidiendo en qué y cómo queremos trabajar”. El proceso ha tenido una mirada inclusiva desde el principio. La idea no consistía en dirigirse solo a las fincas ya convencidas, sino también a aquellas convencionales que tienen miedos o necesidades distintas. “Lo importante es sumar poco a poco, reconocer las buenas iniciativas que ya existen e ir articulando un discurso común”, insistió Joan.

Salimos de esta reunión y cogimos las bicis de vuelta a casa. Pedalear entre las fincas agrícolas y ganaderas de Menorca, vivas y activas, nos hacía pensar en todo lo que habíamos escuchado: alianzas que se están impulsando desde abajo, proyectos que responden a necesidades reales, un punto de encuentro entre distintos actores y una apuesta clara por un modelo agroalimentario consciente y coherente. Seguimos la ruta con la seguridad de que el campo de Menorca tiene futuro. Como ellas mismas dicen: “Juntas por un campo vivo: alimentando personas, regenerando el territorio”.

Cuatro personas en la sección de fruta y verdura km 0 de la Cooperativa San CrispínDos bicicletas cargadas apoyadas en un muro de piedra secaReunión alrededor de una mesa con materiales impresosSupermercado de la cooperativa con carteles de producto km 0Ciclista por un camino de tierra entre flores amarillasCinco personas junto a un cartel del proyecto Gov4AllCharla con proyección y personas sentadas en círculoTres mujeres sonrientes frente a una puerta de maderaCuatro mujeres junto al cartel de la Aliança per una Menorca Agroecològica