25 de enero de 2026, Es Mercadal, Menorca
ZUMBIDOS DE FUTURO
Nos despertamos con el sonido del viento furioso. La tramontana soplaba. Por la ventana veíamos el mar embravecido. Solo pensar en coger la bici nos inquietaba, pero no quedaba otra, al menos, íbamos sin alforjas. Cogimos el camino de Tramontana. Tocaba visitar un proyecto en el interior, vinculado al campo, como nos gustan.
Llegamos al lloc Binisarraiet, nos recibió un caserón imponente que pertenece a la baronía de Lluriach. Al cruzar la puerta nos sorprendió el interior: baldosas decoradas, muebles de época, etc. En este espacio, está la tienda donde venden los productos de Lluriach. Nina y Joan son los pagesos de esta finca que funciona en régimen de aparcería, con el modelo SRM: cultivan los campos, cuidan las vacas y, como no, elaboran queso DOP Maó-Menorca. No se quedan solo en eso. Han diversificado y producen yogur y mermeladas en su propio obrador. Son los únicos que producen yogur natural de leche de vaca en la isla y además llegan a los comedores escolares de la mano del restaurante escuela Can N’Aguedet. Esta iniciativa es un proyecto de inserción sociolaboral de Cáritas-Mestral que incluye un catering que provee menús diarios a varios centros escolares con producto de pagesos de la isla. ¡Qué fortuna para las familias y sus peques saber que los platos en el cole les cuidan y apoyan al sector primario de Menorca!
Pero no veníamos aquí a conocer a Nina y a Joan, sino a su hija Ana Marqués y su yerno Raúl Ameller, artífices de Mel i Reines. Este proyecto de apicultura además de hacer miel se dedica a la cría de reinas y núcleos para la venta. Ana y Raúl son una pareja de jóvenes treinteañeras, con tres hijas y una ilusión muy grande: vivir en el campo y del campo. Ana lo tenía claro, viniendo de familia pagesa, ella quería que su futuro estuviese ligado al sector primario. Lo que nunca se había imaginado es que fuese con las abejas.
Todo comenzó con Geroni, el abuelo de Ana. Él tenía unas pocas colmenas, muy caseras (construidas por el mismo) y cada año recolectaba miel para la familia. Le encantaban las abejas y quiso que alguien cogiese el relevo. “Se lo ofreció a sus hijos, a sus hermanos, a mi padre y tal, y nadie quiso saber nada”, nos contó su nieta Ana. Lo comentó con su pareja Raúl y a él sí le interesó. Empezó a ir con el abuelo al colmenar para aprender, vio que le gustaba y poco a poco le empezó a picar el veneno de las abejas. “Y luego, a los pocos años, mi abuelo le dijo, mira, como mis hijos no quieren saber nada de las abejas, ¿las quieres tú? y él se las quedó”.
Raúl empezó a formarse y a modernizar los colmenares: cajas Lansgtrom, organización, seguimiento, etc. Cada día le iba contando las novedades a Ana y le trasmitía esta pasión. Y, como no, a Ana también le picó el veneno de la apicultura. Cada vez la cosa iba más en serio, pero eran muchos los problemas a los que se enfrentaban. Uno de ellos es la mortandad de las colmenas. Dentro del funcionamiento social de las abejas, cuando una abeja reina es mayor o cuando la colmena es muy grande, ocurre el enjambrazón y las obreras crían otra abeja reina para reemplazarla. Ésta, la mayor, abandona la colmena y hace un nuevo enjambre en el exterior. Es muy común, en la apicultura no profesional, recoger esos enjambres en una caja y aprovecharlo para generar una colmena. De esta manera, es muy incierto el futuro de esa nueva colmena. Ana y Raúl hicieron toda esta reflexión. “Entonces fue cuando empecé a investigar con lo de la cría de reinas, para no estar esclavizado de los enjambres salvajes o los que salen”, explicó Raúl.
Entraron a formar parte de Dotze Reines, asociación que trabaja por la protección de la abeja autóctona de las Islas Baleares. Allí conocieron a Miguel i Bego, del proyecto Beia Negra quienes han sido sus mentores y consejeros en todo momento. A través de Dotze Reines empezó a formarse con criadores de reinas de reputación internacional: Hugo Negrioli (Argentina), Gilles Fert (Francia), Umberto Moreno (Colombia), Mattia Ferramosca y Diego Crespo (italiano y español) y Santiago Cordero (español). “Esa fue mi perdición. Empecé a coger el hilo y empezamos a crecer un poquito.” En 2024, quisieron dar un viraje profesional: “Con todo lo que hemos aprendido vamos a por todas”. Y Ana se dio de alta como joven ganadera en 2025 para la producción de miel y cría de reinas (vírgenes y fecundadas). Nos estuvieron mostrando el material que utilizan para su cría. Es un mundo fascinante, complejo y que requiere mucho trabajo y dedicación. “La cría de las reinas se basa en pequeños detalles y eso es lo más relevante en apicultura”, nos explicó Ana.
Trabajan con la abeja raza negra ibérica, específicamente con la de Menorca, que tiene algunas variaciones genéticas. Tanto la Asociación Dotze Reines como Ana y Raúl buscan preservar y proteger este patrimonio de Baleares. Nos contaban todo esto y pensábamos: pero ¿cómo lo consiguen? Las abejas se mueven libremente varios kilómetros y, además, cada abeja reina, en el baile nupcial, es fecundada a la vez por muchos zánganos distintos. Nos hablaron de la fecundación semicontrolada. Lo hacen básicamente colocando su apiario o colmenar de cría en el centro y rodeado por otros apiarios, también suyos, en un radio de 3 km (la distancia máxima que recorren las abejas lejos de la colmena). De esta manera pueden estar casi seguras de que los zánganos de sus colmenas son los que van a fecundar a sus reinas, protegiendo así la genética. Tuvimos la suerte de vestirnos de apicultoras y visitar uno de sus colmenares. Nos sorprendió lo tranquilas que eran las abejas. ¡Raúl incluso no llevaba guantes para trabajar con ellas! “Uno de los criterios de la selección de las colmenas es el manejo, que sean lo más tranquilas posible”, explicó Raúl.
Mel i Reines tiene dos actividades productivas: la cría de reinas y la recolección de miel. Lo que más les gusta es la cría de reinas, pero lo que sostiene el negocio es la venta de miel. Se han especializado en hacer mieles únicas. “Tradicionalmente en Menorca se recolecta la miel de los diferentes colmenares y se envasan todas juntas. Nosotros hemos decidido hacer miel de cada colmenar sin mezclarlas; tiene su esencia, su encanto también. Eso llama la atención en ferias porque las mieles son de diferentes colores, sabores y texturas”. Además, su puesto también sorprende por las hermosas velas que Ana realiza con mimo y cuidado. Utiliza la cera de los panales que ya no manipulan para dar rienda suelta a su creatividad. Se nota que es una mujer con gran sensibilidad artística. Solo hace falta ir a su perfil de Instagram para ver los impresionantes vídeos y fotos de la cría de reinas.
Su miel cada vez se conoce más, es más valorada y llama mucho la atención. Venden en alguna tienda y, sobre todo, van a ferias, para dar a conocer su producto y la apicultura: “Nos gusta estar en contacto directamente con la gente porque podemos explicar qué es la apicultura y lo que hacemos, porque se desconoce una barbaridad”, nos contó Ana, a lo que Raúl añadió: “Vamos a estar dando un poco de guerra por ahí. Mucha gente no nos conoce, pero poco a poco hay gente que repite y nos dice que les gustó mucho nuestra miel”. Y no les falta razón, a pesar de ser un proyecto muy joven ya han recibido reconocimientos. En 2025 recibieron un premio en el certamen Emprèn en Rural, el programa Terra d’Oportunitats organizados por el Leader Menorca, y el premio al mejor stand en la Fira Arrels en Mercadal, organizada por el Consell Insular de Menorca.
Esta joven pareja avanza con paso firme y decidido convencida de que este es su camino, vivir del campo, aprendiendo día a día y apostando por un proyecto innovador y consciente. Y no están solos, sus familias los apoyan y acompañan y sus tres peques, Aina Inés e Iván, viven con orgullo la vida pagesa: Aina vino con nosotras al colmenar como una auténtica apicultora, Iván nos sorprendió con el manejo de su enorme tractor de juguete, con aperos y todo y a Inés le encantan los animales y estar con sus abuelos en la finca. Pasamos una mañana preciosa conociendo su trabajo y acercándonos de nuevo al mundo de la apicultura y las abejas, unos seres que nos fascinan. Al despedirnos, los peques fueron rápido a coger sus bicis para acompañarnos pedaleando hasta la salida de la finca. Pedaleamos de vuelta por el camí de Tramuntana sonriendo y felices por haber conocido esta inspiradora iniciativa y a quienes la están haciendo posible.











