3 de febrero de 2026, Santa Eulària des Riu, Ibiza
ACOGIDA CALUROSA
Llegamos a la segunda isla de esta ruta: Ibiza. El paisaje cambia totalmente. Venimos de Menorca, principalmente llana donde predominan los acebuches y las tanques con parcelas de cereal. En Ibiza todo está lleno de pinos; de hecho, el nombre de Pitiusas (Ibiza, Formentera y varios islotes) deriva del griego antiguo pitys (pino) y el sufijo oussa (abundancia). Más de la mitad de la superficie total de las Pitiusas está ocupada por bosques de Pinus halepensis y también por algo de sabinar y coscoja. Además, Ibiza tiene un relieve muy montañoso, con colinas y costas escarpadas que conforman las calas que le han dado su fama de paraíso. Y con toda esta fama llega el macrodesarrollo del turismo: construcciones por todos los lados y bastante tráfico rodado. Lo urbano y lo rural se entremezclan. Sí, definitivamente es bastante distinto a Menorca. Por suerte, llegamos a casa de Maribel Juan, una anfitriona de lujo; un refugio en la montaña entre pinos y antiguas feixes (fajas) de cultivo. No tenemos palabras para agradecer los días compartidos en este remanso de paz.
En esta aventura por la isla nos han acompañado, desde el principio, varias entidades a las que también estamos muy agradecidas. En las sesiones online previas a la ruta, compartieron conocimiento y visión para ayudarnos a comprender la realidad de las Pitiusas; además, fueron estas entidades las encargadas de seleccionar las siete visitas a realizar en estas islas. Antes de comenzar el recorrido nos encontramos en persona en el municipio de Jesús.
Amics de la Terra Eivissa es una ONG que forma parte de Friends of the Earth International. En Ibiza atesora un recorrido de 35 años abordando temas muy diversos: justicia climática, soberanía alimentaria y biodiversidad, entre otros. Laura San Miguel, educadora ambiental y técnica forestal, señaló: “El trabajo que hacemos está encaminado a la protección de todos los recursos de la isla: biodiversidad, agua, territorio, etc. Y, en concreto, en relación con la soberanía alimentaria, llevamos muchos años haciendo talleres en huertos escolares y tenemos un gran recorrido con el tema de compostaje doméstico y escolar”. Para poder llevar a cabo estas labores trabajan en coordinación con ayuntamientos y otras organizaciones. “Cada vez hay más alianzas, más trabajo conjunto entre entidades”, nos explicó.
La siguiente entidad que nos acompañó fue APAEEF, Asociación de Productores de Agricultura Ecológica de Ibiza y Formentera. Tanto las personas productoras como consumidoras del producto ecológico. Para ello, trabajan para “profesionalizar el sector agroecológico, dar a conocer el producto local de la isla y facilitar el acceso a una alimentación saludable”, explicó Marina Cardona, su presidenta. El Banc de Terres APAEEF es una de las iniciativas seleccionadas para su visita. Durante nuestro recorrido por Ibiza conoceremos más en profundidad su labor. Como dicen: “Trabajamos por unas islas agroecológicas donde la salud de nuestros suelos es la salud de nuestra gente”.
Josan Aguiló es agricultor y vicepresidente de Agroeivissa/Ecofeixes. Ecofeixes, cooperativa de producto ecológico, se fundó hace once años. “Principalmente éramos gente joven que buscaba volver otra vez a la tierra. Para mi Ecofeixes fue fundamental: me abrió las puertas y me enseñó el sector”, explicó Josan. Recientemente se han fusionado con Agroeivissa, una cooperativa de productores en convencional, sumando fuerzas para asegurar el futuro del campo en Ibiza. Ésta también va a ser una de las iniciativas visitadas.
Agnès Vidal, del GEN-GOB, nos contó que el Grup d’Estudis de la Naturalesa de les Pitiüses (GEN) se fundó el año 1982; en 1992, se integró a la estructura orgánica del Grupo de Ornitología Balear (GOB), pasando a llamarse GEN-GOB. Trabajan en distintas áreas: territorio, patrimonio, educación ambiental, etc. Defienden la preservación de los ecosistemas y la biodiversidad, así como la racionalización y el uso sostenible de los recursos naturales como la mejor apuesta para garantizar nuestro futuro y el de las especies que nos rodean. Para Agnès, “es súper importante dar visibilidad a los proyectos que se visitan en esta ruta y poner en valor toda la producción local que hay. Todavía es necesario hacer pedagogía. La gente necesita conocerlo y valorarlo para amarlo”. Durante la ruta de Ibiza y Formentera conoceremos también su labor.
Por parte de la Asociación de Permacultura de las Islas Pitiusas, Roberto García nos explicó que esta asociación ha tenido dos fases: “La primera l generó un grupo de socios para crear alternativas, sobre todo de huerta, y acercar la vida rural a la vida urbana. Luego, ese primer grupo dejó de reunirse y fuimos nosotros quienes cogimos el relevo para dar una cobertura a las actividades sobre bosques comestibles que ya estábamos haciendo”. Actualmente, la asociación centra su actividad en la agroforestería y la agricultura sintrópica. En San Carles tienen un Centro de Investigación en Agricultura Sintrópica que iremos a visitar.
Y, por último, otro de los agentes clave fue Juan Pantoja, gerente del Leader Eivissa i Formentera, el Grupo de Acción Local para el desarrollo rural y pesquero de las Illes Pitiüses (Ibiza y Formentera). Su trabajo se enmarca en el programa LEADER, una iniciativa de desarrollo rural de la Unión Europea diseñada para fortalecer el desarrollo local. Liderado por la propia comunidad busca para potenciar las capacidades endógenas y mejorar la cohesión social y económica de zonas rurales desfavorecidas. Vehiculan fondos públicos para promover estrategias innovadoras, sostenibles y de calidad en el ámbito rural y pesquero de Ibiza y Formentera, especialmente en un contexto donde el sector primario (agricultura y pesca) ha sufrido regresión frente al peso del turismo. Esta entidad es una asociación sin ánimo de lucro, con participación de la administración pública y organizaciones de la sociedad civil, para impulsar proyectos y estrategias de desarrollo sostenible en el territorio.
Durante las sesiones online reflexionamos sobre la situación actual en las Pitiusas y destacaron cuatro grandes retos. Como era de esperar, el problema de la presión urbanística y turística es el primero que salió a relucir. Este modelo comenzó en la costa, pero ahora también está ocupando los suelos del interior, lo que condiciona de forma directa su ruralidad y su capacidad alimentaria. Las fincas rústicas se han convertido en fichas dentro del juego de la especulación del mercado inmobiliario y del turismo de alto poder adquisitivo. Aparte de perder fincas de cultivo, esto repercute en que la vivienda es inaccesible para la población local: hay casas vacías fuera de temporada y, pese a ello, se siguen construyendo viviendas para el turismo. Este proceso tensiona el acceso a la tierra, dificulta el relevo generacional y expulsa población residente. Vinculado también a este modelo está la problemática del agua. En Ibiza, las grandes viviendas, jardines tropicales o piscinas dirigidas al turismo estacional provocan sobreexplotación de acuíferos y la bajada del nivel freático. La gestión del agua es algo primordial para poder mantener una producción agrícola y la vida de las personas residentes.
La fragmentación de hábitats por el urbanismo, junto con la contaminación lumínica, acústica y la generación masiva de residuos en temporada alta, convierten este territorio insular en un espacio de elevada fragilidad ecológica. Además, algo único en las Pitiusas –como son las praderas de posidonia oceánica, una planta acuática endémica del Mediterráneo con una enorme capacidad como captadora de CO2 y gran valor ambiental–, está amenazado por los fondeos ilegales, la presión náutica y los vertidos de aguas grises sin depurar.
Otro de los retos es la movilidad en la isla. Las alternativas de movilidad sostenible son escasas; no hay una red ciclista segura y el transporte público no llega a todas las zonas rurales, lo que obliga a depender del coche particular. Esta dinámica influye también en la forma en que se habita el territorio. Nos contaron que la desconexión de la infancia con la naturaleza aumenta, a pesar de la proximidad física del campo.
Y, junto a todo esto, la dependencia exterior para alimentar a la población de la isla es alarmante. El consumo de producto local es un porcentaje insignificante: sólo es capaz de generar en torno a un 3,7 % de las necesidades de consumo total de Ibiza y Formentera. Aunque, si nos centramos en la población local y residente (sin considerar la población flotante asociada al turismo), la capacidad mejora, pero no llega más allá del 5,5 %. En el proceso participativo se destacó la escasa presencia de alimentos locales en grandes superficies comerciales. En la isla, persiste la inercia hacia el supermercado y el sobreenvasado, incluso en productos frescos pese a la existencia de mercados de venta directa.
Pese a este escenario tan complejo, las entidades trabajan con fuerza y determinación por mostrar y construir alternativas posibles. Y a eso venimos nosotras: para conocer y visibilizar la Ibiza rural, comprometida y resistente.







