hola@bielaytierra.com / +34 695 183 624 / +34 664 640 484

3 de marzo de2026, Porreres, Mallorca

LAS SEMILLAS SON COSA DE TODAS

Nuestra llegada a Mallorca coincidió con la celebración del día de les Illes Balears, unas jornadas en las que la ciudad de Palma se viste de fiesta. La cultura, el producto y la artesanía local ocupan un espacio destacado. Por segundo año consecutivo, se organizó la Fira de Producte Local, donde artesanos agroalimentarios daban a degustar y vendían el fruto de su trabajo. Nos encantó pasear y encontrarnos con algunas personas de las visitadas en la ruta: Carme de S’Ullestrar, Tònia de Santa Cecilia, Marc de Cas Ferrer de Sa Font e incluso Josep y Andreu de Sa Cabreta que conoceremos más adelante. Esos días en Palma los disfrutamos, pero queríamos salir de la ciudad. El lunes, a media mañana, volvimos a cargar las bicis con nuestras bolsas y alforjas y nos pusimos a pedalear hacia el interior. Rodar por carreteras pequeñas y poco transitadas fue un gustazo.

Llegamos a Porreres para hablar de semillas, de esas que se plantan con cariño, se admira su germinación, se cuidan y cultivan. Hace miles de años, la humanidad empezó a domesticar variedades de especies silvestres seleccionando, temporada tras temporada, las semillas de las plantas que producían los mejores alimentos. Como resultado y herencia de esa concienzuda labor, hoy tenemos en el mundo miles de variedades cultivadas, cada una bien adaptada a los territorios en los que se ha cultivado tradicionalmente y a las preferencias de sus habitantes. Además, muchas de estas variedades locales también forman parte de las tradiciones y del patrimonio de los pueblos. Hoy, esa herencia cultural está desapareciendo; las actuales exigencias del mercado agroindustrial han provocado que muchos agricultores adopten variedades uniformes y de alto rendimiento.

Vinimos a Porreres para conocer la labor de la Associació de Varietats Locals de Mallorca (AVL). Aina Socies, coordinadora de esta asociación, nos explicó que “en el mercado encontramos sobre todo semillas híbridas, seleccionadas para producir más cantidad de fruto, aunque sin atender al sabor del producto sino a la producción. Son semillas que no forman parte de un patrimonio, de un pueblo, que son creadas por genetistas o por empresas privadas y para usarlas, normalmente, tienes que pagar patentes”. Las semillas híbridas, además, te permiten cultivar esa variedad durante un año, pero si la quieres volver a cultivar dejan de ser fértiles o dejan de producir como en la generación anterior. Esto genera dependencia de la empresa que produce la semilla. Las variedades locales, en cambio, “son variedades libres, de polinización abierta y pertenecen al común, al pueblo. Son variedades que, una vez las has cultivado en tu huerta, las puedes seguir multiplicando, regalando, intercambiando… son semillas para todo el mundo”, recalcó Aina.

El objetivo de la asociación es recuperar, multiplicar y difundir la agrodiversidad de Mallorca, así como las variedades locales y los conocimientos asociados a ellas. Aina lo tiene claro: “Representan: Memoria asociada a las generaciones pasadas; Fertilidad, porque son variedades que se pueden seguir reproduciendo; Pueblo, porque forman parte de la historia; Cultura, porque tienen unas características ligadas al manejo, a la manera de obtener semillas, a la conservación de los frutos y a la gastronomía tradicional; y Calidad, porque son variedades seleccionadas por el paladar, por el gusto, y porque prevalece la calidad frente a la productividad. Son variedades que representan patrimonio, que son del territorio donde se encuentran y son, sin duda, un valor cultural inmaterial”.

Parte del trabajo de la asociación es dar a conocer las variedades locales y defenderlas. Una de estas variedades emblemáticas es la tomàtiga de ramellet. Hace años que esta entidad trabaja para evitar la apropiación indebida de estas variedades. Se da la paradoja de que se han desarrollado variedades híbridas, controladas por casas comerciales, que se comercializan con el nombre de tomàtiga de ramellet, como si fueran la variedad tradicional, generando confusión entre la gente. Este tipo de apropiaciones constituyen un riesgo real para la soberanía alimentaria de los pueblos. “El objetivo de la campaña es poner en valor este producto tan representativo de nuestra mesa, la tarea de las personas productoras del territorio e invitar a la ciudadanía a consumir productos de proximidad, de calidad, auténticos y con identidad propia”, recalcó Aina. Para ella, la tomàtiga de ramellet tiene mucho significado y por eso escogió realizar un estudio sociocultural sobre esta variedad para su Trabajo de Fin de Máster en Agroecología.

La asociación Varietats Locals nació en 2002 impulsada por un grupo de agricultoras, técnicas y personas vinculadas al mundo rural preocupadas por la erosión genética y la pérdida de biodiversidad cultivada. En aquel momento, el Govern Balear puso en marcha unas ayudas para la introducción de variedades en riesgo de erosión genética. “Las personas que pedían aquella subvención tenían que ser socias de una entidad que trabajase en la recuperación, multiplicación y conservación de variedades tradicionales, y AVL cumplía esa función”, recordaba Aina. Fue en el año 2018 cuando consiguieron que se publicase un decreto específico de variedades locales. Este decreto fija la existencia de una comisión de variedades locales formada por representantes de la administración, de la universidad y de las entidades que trabajan específicamente en este ámbito. Esta comisión es la encargada de crear e ir ampliando el catálogo de variedades locales con interés agrario reconocidas por el Govern de les Illes Balears.

Con el tiempo, empezaron a divulgar las variedades locales a través de ferias y actividades puntuales. La gente comenzó a conocer su trabajo y a pedir semillas. Vieron la oportunidad de comercializar las semillas de variedades locales y así arrancó el proyecto de multiplicación. “Cuando comenzamos a reproducir semilla para poder comercializarla, nos alimentamos de los viveros de Can Nicolau, en Sant Joan, y de los viveros de Ca Na Justa, en Porreres. Estos viveros para nosotros son como una pequeña joya. Por ejemplo, en el de Ca Na Justa son la cuarta generación de viveristas que mantienen la actividad”. Por supuesto, estando en Porreres, quisimos ir a conocerlo. Nos recibió Catalina Vaquer: “La clave del éxito de nuestro vivero es la producción de hortícolas de variedades antiguas que ya se cultivaban en tiempos de mis abuelos, seguir manteniendo estas variedades que los clientes nos piden”. Nos quedamos flipando: un vivero donde la gran mayoría de la planta que producen es de variedades locales, ¡qué suerte para Porreres y para Mallorca!

Cuando cogió el relevo de su padre, Cati pensó en comprar las semillas a casas comerciales: “Yo no quería pasarme todo el verano cultivando y seleccionando semilla, con todo el trabajo que implica, como había visto toda la vida a mis padres. El primer año ya me di cuenta de que estaba equivocada. Hay que hacer nuestro propio huerto, seleccionar nuestras propias semillas, hacer el plantel siguiendo las indicaciones de mi abuela, porque es la única manera de responder sobre lo que estamos vendiendo”. Gracias a ellos se han mantenido, durante cuatro generaciones, diferentes variedades locales de hortalizas y leguminosas. Cati nos contó que ahora la gente está buscando variedad local cada vez más: “Cuando salieron los híbridos querían experimentar con la novedad, pero con el tiempo se han dado cuenta de que la variedad local es más sabrosa y está más adaptada aquí a Mallorca”.

Ca Na Justa es una de las fincas donde se reproducen las semillas para AVL; en total son dieciocho personas agricultoras en veinte fincas. A día de hoy, en AVL, comercializan semillas de 94 variedades locales. Sebastián Grimat, encargado de este proyecto, nos enseñó el proceso de limpieza y selección de semillas y también la cámara donde conservan, muy bien organizadas, cien variedades de semilla local. Para ello cuentan con varias máquinas que han ido comprando poco a poco. Para montar el espacio de extracción, limpieza y selección de semillas visitaron, durante años, distintos proyectos dentro y fuera de Estado español. Encontrar este tipo de maquinaria dimensionada para una producción a pequeña escala no fue fácil, y tuvieron que ir adaptando lo que encontraban. Por ejemplo, una de las seleccionadoras fue fabricada por uno de los socios de AVL y, como secadero de semillas tienen un secadero de polen. Todo el proceso requiere mucha dedicación, trabajo y organización porque es una labor muy artesanal. Además, la normativa para la comercialización de semillas es muy estricta y, si hablamos de variedades locales, la complejidad aumenta por la interacción de diferentes administraciones.

Visitamos AVL un martes, el día que las personas voluntarias acuden para apoyar en las tareas de selección, limpieza, ensobrado, etc. Sebastián recalcó: “Su labor es fundamental; no podríamos llevar esto a cabo sin el voluntariado”. Nos encontramos con María y Miquel. Miquel lleva tiempo acudiendo semanalmente desde Artà y nos confesó: “Yo tengo un huerto familiar, pero allí estoy solo. Cuando venimos aquí es mucho más agradable porque tienes cosas a compartir con gente que piensa como tú”. María es también vecina de Artà y viene “los lunes de 9h a 13h para ayudar en lo que toque: Por ejemplo, hoy me ha tocado poner las semillas de lenteja mallorquina en sobres para su venta”. Daniel, otro de los técnicos de AVL, por su lado, estaba haciendo pruebas de germinación: “Es un proceso que se tiene que hacer para verificar la fertilidad de las semillas antes de comercializarlas y asegurar que son plenamente viables”. Daniel, además, es el educador ambiental de AVL que realiza actividades de educación y sensibilización en centros escolares. Salimos al patio y desplegó parte de los materiales que llevan a los colegios: Estos juegos tienen como objetivo que las nuevas generaciones se vayan familiarizando con las diferentes variedades locales. “Solemos llevar muestras de diferentes semillas para que puedan ver la gran diversidad de morfologías que existen. También incluimos materiales para poder hacer plantel de hortalizas de temporada”.

Pero AVL no se queda solo ahí: Isabel dirige el programa de formación, tanto online como presencial, donde cada año 1200 personas se forman sobre variedades locales. Por ejemplo, la semana de nuestra visita había un curso online titulado Comiendo bellota: ¿por qué y cómo? Actualmente tienen una campaña en la que están recuperando bellotas dulces. Mallorca es el único territorio en el que se conserva el cultivo de encinas injertadas con variedades de bellotas dulces. Esta técnica específica ha sido trasmitida de generación en generación, y es una práctica agronómica única.

Como veis, esto no para. Las semillas son cosa de todos y hay muchas personas enredadas en los movimientos de semillas. Así, la Red de Semillas Resembrando e Intercambiando nació a nivel estatal hace 30 años con el objetivo de facilitar y promover el uso, producción, mantenimiento y conservación de la biodiversidad agrícola en las fincas de quien produce y en los platos de quien consume. Vinculadas a esta red, desde AVL están implicadas en el proyecto europeo Liveseeding: “Colaboramos con Les Refardes en la caracterización, multiplicación y prospección de un cultivo en concreto. En nuestro caso es el cultivo de las coles, y llevamos tres años cultivando una serie de variedades locales y dos variedades híbridas para hacer un ensayo comparativo en dos fincas de Mallorca”, explicó Aina. Dentro de las labores también está la de hacer catas. Tuvimos la suerte de participar en una de estas catas, comparando dos variedades híbridas (Savoy King y Green Lunar) con las locales: col Borratxona y col Borratxona Petita.

Terminamos la visita con una sonrisa y agradecidas por su labor y dedicación. Son 423 personas socias, diez en la Junta Directiva, cuatro trabajadoras, productores y voluntarias las que mantienen esta asociación viva. Las variedades locales, además de su valor nutritivo y organoléptico, están adaptadas a los suelos y climas de cada lugar y a sistemas agrícolas complejos. Su conservación refuerza la autonomía de agricultoras y agricultores, facilita el manejo agroecológico y contribuye a una alimentación diversa y de calidad. Mantener las semillas libres y conservar las variedades locales de cada territorio es esencial para garantizar la calidad y la soberanía alimentaria, especialmente en un contexto de cambio climático. Ante un futuro con condiciones agrícolas cada vez más inciertas, preservar la agrobiodiversidad resulta clave: la diversidad genética aumenta la capacidad de adaptación de los cultivos frente a plagas, enfermedades y variaciones del clima. Busca las variedades locales de tu zona, conócelas, cultívalas e incorpóralas en tus platos. ¡Llena tus platos de biodiversidad cultivada!

Integrante de la asociación junto a una máquina seleccionadora de semillasColes de variedades locales cortadas sobre tablasSocio de la asociación sonriendo en el localSocia junto a una máquina para limpiar semillasIntegrante de la asociación mostrando semillas en una mesaTres mujeres posando entre plantas en macetasTécnica de la asociación junto al muestrario de semillasInvernadero con bandejas de plantelTécnica hojeando un libro en la estantería de publicacionesBicicletas de Biela y Tierra junto a cajas de madera con semillasEquipo de la asociación posando con las ciclistas junto al cartel de Varietats Locals