27 de enero de 2026, Maó y Alaior, Menorca
CUIDAR DE LA TIERRA Y DE QUIENES LA CULTIVAN
Llegamos a Maó, en concreto a la sede del GOB Menorca, situado en el Molí del Rei, un antiguo molino recuperado que nos recuerda el pasado de Menorca. Al entrar en este espacio se respira una clara intención por la preservación del patrimonio de la isla. Nos recibe Sergi Marí, coordinador insular del GOB Menorca. “El GOB, Grupo Ornitológico Balear, nace en el ecologismo de la transición junto a personas que, normalmente, desde el mundo científico, además de interesarse por el conocimiento de las aves, empiezan a preocuparse para que estas aves puedan ser conservadas, puedan sobrevivir”. Así nace un movimiento ecologista en Menorca que se adhiere a uno paralelo en Mallorca. Va creciendo la organización, que es Balear, pero que tiene una identidad muy diferente en cada isla. La primera lucha del GOB Menorca fue para defender la albufera de Es Grau, que iba a ser urbanizada completamente con un proyecto turístico desastroso. Hoy en día es un parque natural y el núcleo central de la Reserva de Biosfera de Menorca. De ese origen de lucha nace una organización que en los años 80 se profesionaliza y aumenta mucho su número de miembros hasta llegar, en la actualidad, a unas 1.700 personas, un número muy relevante en una isla de 100.000. “Y, por tanto, no solo es una organización influyente a nivel local, sino también un referente para muchas organizaciones de este tipo, con capacidad de influencia en todos los ámbitos”, explicó Sergi.
El GOB es una entidad ecologista que tiene como objetivo principal preservar el territorio y la isla de Menorca ofreciendo alternativas y propuestas viables de coexistencia de los seres humanos y la naturaleza. En Menorca se consiguió proteger el suelo rústico del desarrollo urbanístico gracias al PTI de 2003. Aun así, desde el GOB veían que la amenaza de la especulación vinculada al turismo seguía presente. “En el congreso de 2004 llegamos a la conclusión de que, si el campo no es viable económicamente, el peligro de la especulación seguiría ahí. Si lo que queríamos era preservar el territorio a gran escala, teníamos que empezar a trabajar con los agricultores y verlos como aliados en su custodia”, nos explicó Jara Febrer, ’ integrante del equipo del GOB Menorca.
Desde el GOB opinan que, frente a una sociedad que evoluciona muy rápidamente, y con problemas que han de tratarse desde diferentes orientaciones, dejar toda la responsabilidad de las soluciones en manos de instituciones públicas es, probablemente, un error. Por esto, la filosofía de la Custodia del Territorio aboga por recuperar la iniciativa privada y voluntaria en la conservación de los valores ambientales. Esta iniciativa pretende fomentar sistemas de gestión agraria que puedan acercar los objetivos de viabilidad económica –fundamentales para la supervivencia del sector agrario– y la preservación de los valores ambientales más destacados esenciales tanto para la sociedad menorquina como para que el propio sector agrario pueda seguir operando en el futuro.
Jara, coordinadora de Custodia Agraria, nos explicó que no es un proyecto con metas cortas, sino un programa a largo plazo. Hacen un acompañamiento holístico en tres ramas de resiliencia: agraria, ambiental y económica. Para ella, añadió: “Custodia Agraria vendría a ser como ese amigo que puede ayudar a todas esas fincas, sobre todo a esas personas que quieren trabajar de una manera un poco diferente y que, a veces, van perdidas porque hacer cosas nuevas es siempre difícil y puede ser solitario”. Empezaron con cuatro fincas que firmaron un acuerdo de custodia del territorio y ahora mismo ya son 42.
Cuando fuimos al Mercat Agrari de Ciutadella, hablamos con Toni Moll, de La Marcona, que está presente desde los inicios en el programa: “hace más de 20 años, el grupo ecologista GOB quiso generar alianzas con el sector agrario para ayudarlo a subsistir. La agricultura en Menorca gestiona el 80% del territorio y, aunque el producto interior bruto que genera es bajo, su valor ambiental es enorme”. Con Toni reflexionamos sobre la importancia de este trabajo conjunto entre el movimiento ecologista y el sector primario, que en tantos territorios se encuentran enfrentados. ¡Qué buena idea! Un pacto de ayuda mutua basado en una visión compartida del futuro agrario hacia un modelo resiliente y sostenible. Los pagesos y pageses se comprometen a gestionar el campo con respeto a la naturaleza y el GOB, en reconocimiento a su labor, canaliza ayudas de diferentes tipos.
Giulia Massaro, técnica del programa, nos explicó que Custodia Agraria trabaja en distintos ámbitos: asesoramiento y formación, promoción de los productos, apoyo del voluntariado agrario del GOB, inversiones directas en las fincas, reconocimiento social y alianzas con otros productores. “Cada año les facilitamos un formulario con más de 30 opciones para saber cuáles son sus intereses y qué necesitan. Cada finca elige qué quiere priorizar y, ese año, se trabaja en eso”. Los resultados del trabajo del programa dan sus frutos. La huella ecológica de las fincas de Custodia Agraria se reduce gracias a los métodos de producción con menos demanda de insumos externos, menos agroquímicos y distancias más cortas del campo al plato. Si comparamos el proceso productivo de una finca de Custodia con una finca convencional, la huella ecológica se reduce en un 26 % en el caso de producción ganadera y en un 44 % en la producción de frutas y verduras, pero si incluyes el “efecto custodia” de conservación del ecosistema agroforestal, la reducción aumenta hasta un 60 % en carne de ternera y un 66 % en frutas y verduras.
Después de estas explicaciones queríamos oír la voz de los productores. Pedaleamos por un carril bici muy disfrutón que discurría paralelo a la carretera. Hacia un día perfecto para salir en bicicleta y se nos iban los pensamientos, ¿te imaginas que toda Menorca fuera así? Con carriles para moverse a dos ruedas o andando. Todo lleno de bicis, triciclos, cargobikes… ¡Un paraíso! Entre estas cavilaciones llegamos al Barranc de Cala en Porter, nuestro destino, para conocer Biobarranc. Un paisaje espectacular que no se nos hace extraño porque se parece a muchas zonas que hemos pedaleado: un valle fértil donde los frutales encuentran su sitio. Lo especial de este lugar es que está vivo, productivo y ofreciendo fruta local. Es uno de los barrancos más extensos del sur de la isla. La presencia constante de agua y la protección que ofrecen las paredes del barranco han hecho que desde tiempos inmemoriales se cultiven árboles frutales, actividad que hoy en día todavía determina el paisaje.
En el barranc está l’Hort de Matadones, donde empezó el proyecto BioBarranc. Nos recibió Ignasi Capó, fruticultor enamorado de su trabajo y de este lugar. Ignasi no viene de familia agricultora, pero el campo siempre le había llamado la atención. “Desde pequeño me gustaba mucho el campo. Me pasaba los veranos y fines de semana en la finca de la familia de unos amigos”, relató Ignasi. Así que… no es de extrañar que desde hace 15 años se dedique a la producción en ecológico. Empezó con su compañera Astrid haciendo huerta ecológica en el Barranc d’Algendar. Estuvieron 5 años, pero una riada les arrasó la huerta y vieron que en ese lugar no podían seguir.
Después de la huerta empezó la aventura de la fruta. Ignasi conoció a Joan Carreras, quien llevaba en ese momento la finca de Hort de Matadones. “Fue uno de los primeros productores de fruta en ecológico de Baleares”, remarcó Ignasi. Joan seguía un modelo de agricultura familiar: producción muy diversificada con distintas especies y variedades para tener fruta y poder vender tantos meses como fuera posible. Ignasi aprendió con él y así sigue siendo la finca. “Nosotros aquí tenemos toda la gama de fruta que se puede tener en Menorca. Empezamos en marzo y terminamos en noviembre-diciembre: aguacate, níspero, melocotón, albaricoque, ciruela, paraguayo, pera, caqui, granada y manzana. Algunas variedades son autóctonas como la ciruela de frare, el melocotón de Torrevella, que es blanco y muy delicado, la poma dolça de Alaior o la poma blanca de nadal, que es la última manzana que se recoge”.
Ignasi ha seguido con el modelo, pero enfocándolo hacia una producción más cómoda. Ha aumentado la superficie y ha incorporado otras fincas: l’Horta de n’Esquella, donde ha plantado perales y manzanos nuevos, y l’Hort de Roselló, la última que ha incluido en el proyecto. En total gestiona nueve hectáreas y más de 10.000 árboles. Para él, el sector agrario es imprescindible: “aquí, en Menorca, vayas donde vayas, está el campo operativo y ofrece sustento a la población. Y que siga siendo de una manera sostenible, a pequeña escala como está siendo aquí, creo que es muy positivo”. Reflexionando sobre la situación del sector y la alimentación nos dijo que “no podemos olvidar que estamos en una isla y, con el sistema actual, si se corta el flujo de barcos, la alimentación de la población puede entrar en crisis”. Actualmente la autosuficiencia alimentaria de Menorca está por debajo del 20 %. Durante la pandemia hubo un cambio y la gente empezó a tomar conciencia de la necesidad de avanzar hacia la soberanía alimentaria en la isla. “Aquí hay tierra y agua y tenemos recursos para producir los alimentos necesarios. Es preciso reactivar la industria, no tiene sentido apostarlo todo al turismo”, reflexionaba Ignasi como otras veces nos han dicho.
El proyecto en el que actualmente trabaja Ignasi está dentro de Custodia Agraria. “Custodia Agraria está alineada con nuestra forma de entender la agricultura. Además, nos facilita cosas; por ejemplo, hicimos una jornada de voluntariado para la limpieza del torrente que se había desbordado. Desde Custodia Agraria se ocuparon de tramitar todos los permisos y organizar el voluntariado. Vinieron más de 30 personas e hicimos una labor que, de otra manera, nos hubiese costado semanas”, nos contaba Ignasi.
A lo largo de nuestro recorrido por Menorca nos hemos ido encontrando con personas y proyectos que forman parte de este programa. Tònia, de Santa Cecilia, lo tuvo claro al hablar de Custodia Agraria: “Para nosotras es como nuestra comunidad, nuestra ayuda, nuestra segunda familia”. Marc, de quesos Cas Ferrer de Sa Font, nos contaba: “Para mí significa comprometerme con el territorio. Produzco quesos con leche de aquí, con pastos de aquí, y lo hago de forma que respete este entorno único. Además, gracias a la custodia, no estamos solos, nos sentimos parte de algo más grande”. En el Mercat del Claustre en Mahón, nos encontramos por sorpresa con Rafael y Pili, d’Hortet de s’Algar. Entramos y ahí estaban, con su mesa y el mantel de Custodia Agraria bien grande. Nos contaron que han empezado hace poco en una finca pequeña en la que hacen huerta. Para ellas Custodia Agraria “ha sido un punto de inflexión muy importante, un paso adelante porque nos han ayudado mucho desde el principio. Siempre están ahí, dando consejos, proporcionando servicios y todo lo que necesitemos”
Menorca y Custodia Agraria nos han dejado una profunda enseñanza. Se puede avanzar hacia propuestas concretas para afrontar los retos que tenemos como sociedad: cambio climático, crisis de biodiversidad, relevo generacional, escasez de materias primas, abandono del sector primario, etc. La agricultura y la ganadería familiar son, sin duda, aliadas de gran valor para poder alimentar a la sociedad de una manera saludable y sostenible. La rentabilidad económica de las fincas no tiene por qué estar enfrentada con la actividad agraria que conserva la naturaleza. Custodia Agraria es un claro ejemplo. Gracias.












